martes, 15 de septiembre de 2015

Las empresas y empresarios azucareros en la región histórica de Cienfuegos, 1902-1920.



Las empresas y empresarios azucareros en la región histórica de Cienfuegos, 1902-1920.

Autora: Lic. Lianyi Martínez Borrego.

El conocimiento de lo sucedido  en el sector azucarero durante la primera mitad del siglo XX es decisivo para  entender el acontecer sociopolítico y cultural del país. Esto se debe a la  notable incidencia de la producción azucarera en la sociedad cubana como primer renglón de la economía tanto en lo social, lo político y lo cultural.

Infinidad de trabajos editados, abordan el estudio de la industria azucarera como tema principal o colateral. Ejemplo de ello lo constituyen los libros: Caminos para el azúcar[1], de  Oscar Zanetti Lecuona y  Alejandro García Álvarez; El ingenio. Complejo económico social cubano del azúcar[2] de Manuel Moreno Fraginals y  Del Ingenio al Central[3] por Fe Iglesias García. Sin embargo, el campo de la historia empresarial en esta rama de la economía cubana no cuenta con muchas investigaciones, pero sí con varias obras de gran calidad; particularmente la de Oscar Zanetti y Alejandro García Álvarez, acerca de la United Fruit Company y la de Oscar Pino en relación con la intervención del capital financiero en dicha industria. 
   
Todos los autores, en general, nos presentan obras que contribuyen al crecimiento del patrimonio histórico cubano. No obstante, aún hoy perduran interrogantes en el tratamiento de cuestiones  vinculadas a la organización empresarial en  la industria azucarera en las distintas regiones históricas del país. Por lo que se hace importante el estudio de las
Empresas y empresarios azucareros en Cienfuegos (1902-1920).

Al realizar un análisis historiográfico se asume el criterio de que existe insuficiencia en el tratamiento diferenciado de las empresas y empresarios azucareros a nivel nacional y particularmente en Cienfuegos. En Cienfuegos no se conoce hasta el momento ningún estudio que aborde con profundidad la estructura y el funcionamiento de las empresas azucareras, así como la tipología empresarial. De igual manera no se encuentran estudios acerca de  los empresarios de dichas organizaciones. De ahí la importancia del estudio de las empresas y empresarios azucareros en la región histórica de Cienfuegos, específicamente entre 1902 y 1920. 

Se escoge el anterior período histórico ya que el mismo constituye un espacio primordial dentro de la historia del sector azucarero. Con el advenimiento de la República en 1902 se produjeron profundas transformaciones económicas, políticas y organizativas, que reforzaron el carácter moderno[4] de la primera industria cubana, en lo cual interviene, de manera peculiar, el imperialismo norteamericano.

Según el criterio del historiador Oscar Zanetti Lecuona[5], la industria azucarera experimentó un enorme crecimiento en apenas dos décadas que desde el punto de vista de sus factores condicionantes se pueden apreciar dos fases bien diferenciadas. La primera de 1902 a 1913, corresponde fundamentalmente, a las posibilidades de acceso al mercado norteamericano abiertas por el Tratado de Reciprocidad Comercial  de 1902. 

La segunda   comienza con el estallido de la Primera Guerra Mundial y concluye en 1920 con el fenómeno del crack bancario. Al estallar la crisis de  postguerra, la banca doméstica de Cuba fue llevada a la quiebra, dejando a la banca yanqui dueña del sector crediticio y de gran número de negocios azucareros. Específicamente en Cienfuegos se evidencia en los centrales Parque Alto, Portugalete y  Santa Catalina.

De ahí se infiere la necesidad de tener en cuenta el desarrollo económico, político y social de Cuba y a su vez el de Cienfuegos en las primeras dos décadas de siglo XX y realizar un estudio del desarrollo de las empresas y empresarios azucareros en Cuba para de esta manera llegar al de Cienfuegos que constituye nuestro objetivo en la presente investigación.

De esta manera se comprenderán los cambios políticos y económicos que crearon las condiciones favorables a la reanudación  del crecimiento azucarero en el período y que al mismo tiempo  conllevaron al aumento progresivo de la influencia de los intereses norteamericanos. De ahí que sea un crecimiento también de la deformación económica traducida en la monoproducción. De igual manera se analizarán las características de este proceso a nivel regional.

Durante el período de ocupación militar de los Estados Unidos en Cuba que comienza oficialmente el primero de enero de 1899 fueron dictadas un conjunto de legislaciones cuyo objetivo iba encaminado a dar protección al capital existente en Cuba, y a crear las condiciones para la estimulación de la penetración del capital financiero estadounidense.

En lo que respecta al azúcar, las mediadas más importantes fueron las referidas al ferrocarril y la tierra. En este sentido se emitió la  Ley de Ferrocarriles, que daba la autorización para construir líneas privadas, sin otra obligación que registrarlas en la Comisión de Ferrocarriles. Además dio al capital ya invertido en esta rama de los servicios la seguridad y estabilidad necesarias para su desarrollo posterio. Las inversiones en tierra y el desarrollo del latifundio lo propició la Orden No 62 sobre el Deslinde y División de Haciendas, Hatos y Corrales,[6] que aseguraba como su nombre lo indica el deslinde y división de los terrenos comunales.

 Otras órdenes y leyes fueron dictadas para la creación de condiciones para adueñarse de la economía cubana. Este proceso estuvo respaldado por los artículos de la constitución acerca de la ley de extranjería donde se equiparaba al cubano y al extranjero en igualdad de condiciones. Finalmente la Enmienda Platt, apéndice constitucional, consignó la obligación de respetar todo lo que el gobierno interventor hubiera realizado. 

En 1902 se firmó el Tratado de Reciprocidad Estados Unidos-Cuba, que concedió a las ventas cubanas de azúcar una rebaja del 20% sobre los aranceles vigentes en los Estados Unidos, y también rebajó en pequeña medida los derechos de algunas otras mercancías. A cambio los productos norteamericanos fueron beneficiados con un descuento del 20; 25; 30 y 40% sobre las cifras de Cuba[7].

Las privilegiadas condiciones comerciales creadas para la producción de azúcar  propiciaron un desarrollo desproporcionado, que absorbió los recursos disponibles -capitales, tierras mano de obra- en detrimento de los restantes sectores productivos del país, los cuales quedaron relegados a un relativo estancamiento. Como resultado, continuó el carácter monoproductor de la economía cubana hasta exhibir una eminente deformidad. Además la entrada en vigor del tratado estimuló la afluencia a Cuba del capital norteño tanto para el fomento de ingenios como para la adquisición de los existentes.

En la década que sucedió a la firma del Tratado de Reciprocidad Comercial, los inversionistas de EE.UU fomentaron nueve centrales azucareros y adquirieron otros diez, con lo cual la tercera parte del azúcar producido en la zafra de 1913-1914 fue elaborado en fábricas de propiedad norteamericana. Esta tendencia fue acelerada notablemente por la coyuntura de la  Primera Guerra Mundial, que terminaría por dejar en manos estadounidenses el 60% del potencial productivo azucarero del país[8].

Hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial, los centrales de la gran Antilla se habían autofinanciado. Según Oscar Pino Santos, la mayoría de las unidades azucareras pertenecían a cubanos o españoles afianzados en la isla. Las empresas extranjeras, sin embargo predominaban en los ferrocarriles. En el este del país prevalecían los ferrocarriles de estadounidenses mientras en el Oeste los de los británicos.

Con el estallido de la guerra aumentaron los precios del azúcar y el mercado norteamericano trató de asegurarse con el abastecimiento cubano, por tanto desde el comienzo de la contienda se estimularon las inversiones en este sector por parte del capital financiero norteamericano, en lo que Oscar Pino Santos calificó de “asalto a Cuba por la oligarquía financiera yanqui” Esto llevó a que las inversiones norteamericanas en Cuba crecieran hacia 1924/25 a mil trescientos sesenta millones de dólares.

La penetración del capital estadounidense no solo se evidenció en la construcción de nuevos centrales, sino también en la adquisición de los ya construidos desde el siglo anterior, o que habían sido fundados por otros capitalistas a principios del siglo XX. Gracias a sus enormes facilidades de capital, los empresarios norteamericanos fomentaron o adquirieron los centrales más poderosos y productivos, de modo que poseyendo menos de la mitad de los existentes en el año 1918 elaboraban más del 70% de la zafra[9]

Estimulada por el alto vuelo de las transacciones azucareras se había desarrollado la actividad de los bancos y comerciantes banqueros en Cuba a partir de 1914. Las acciones del Banco Nacional de Cuba,  del Banco Español de la Isla de Cuba y del Banco Mercantil Americano de Cuba, entre otros, había servido de constante respaldo financiero a la iniciativa de la burguesía hispano cubana, tanto para el fomento de centrales, colonias cañeras o comercialización  de azúcar, como para urbanizaciones, empresas de servicios públicos, construcción de muelles y almacenes, establecimientos comerciales y otros géneros de empresas. También había iniciado sus operaciones en Cuba, desde 1915, el National City Bank of New York[10].

Una vez finalizada la Primera Guerra Mundial fue desactivada toda la legislación especial destinada al control de los alimentos por parte de EEUU. En 1919 cesó el control sobre las zafras. Dicho país no convenió la compra de la zafra siguiente y esto dio paso a una gran ola especulativa sobre el precio del azúcar. En octubre de 1920, el precio del dulce bajó de los  20 cts., promedio en que se habían  pignorado los futuros[11]. Los montos  eran insuficientes para afrontar las obligaciones contraídas por muchos hacendados y colonos. 

Las entidades financieras fueron las primeras afectadas por la crisis. La falta de créditos de apoyo por parte de la banca extranjera y la divulgación intencionada de su situación financiera propiciaron el pánico que condujo finalmente a la quiebra de las entidades financieras que no tenían el respaldo de las casas matrices en los EEUU o Canadá: la más importante fue la del Banco Nacional de Cuba, la institución que había prestado más dinero a la producción de dulce. 

Como resultado de la crisis, se  hundió la banca y el capital interno, dejando el control del sector azucarero en manos de los bancos y de las grandes compañías estadounidenses, que se habían introducido en el mismo debido a los altos precios del dulce durante la guerra mundial. En síntesis, el conflicto mundial, al acelerar el crecimiento de la industria azucarera insular, rompió sus posibilidades de autofinanciación, provocando un desplazamiento del control de la misma hacia el capital financiero y precipitó aún más el proceso de concentración de la industria azucarera cubana.
Este crecimiento acelerado de la producción azucarera en Cuba durante las primeras décadas del siglo XX, condujo a la generalización del cultivo de la caña a escala nacional. El fenómeno favoreció un extraordinario movimiento de creación de centrales que sucedió de manera diferente en las distintas regiones del país. Ocurrió fundamentalmente en las provincias de las Villas, Camagüey y Oriente; con mayor fuerza en las dos últimas.

En el desarrollo de dicho proceso se destaca el papel desempeñado por la empresa monopolista (corporación, compañía o sociedad anónima) como agentes decisivos de la dominación imperialista. Las empresas representan  para, el imperialismo células, unidades esenciales y no solo para el funcionamiento económico, sino también en la dinámica social, ya que son las que llevan a cabo el funcionamiento de la industria y  el comercio; así como el manejo de capitales.

Según el criterio del historiador Oscar Pino Santos[12] entre los años 1898 y 1913, se revela que el capital norteamericano que llegó a Cuba en esa época procedía de grupos específicos de la burguesía monopolista industrial norteamericana. Ya a partir de la Primera Guerra  Mundial la oligarquía financiera norteamericana comenzó a intervenir en Cuba. Es entonces que tuvo lugar el masivo fenómeno de las inversiones norteamericana.

Se cita como pionero de la inversión directa de capital financiero en Cuba, a Edwin Atkins. En 1883, en virtud de un procedimiento hipotecario, obtuvo el ingenio Soledad en Cienfuegos. Su política respondía plenamente a los intereses de la industria norteamericana. El movimiento iniciado por Atkins se extendió a consecuencia del Arancel Mc.Kinley de 1890[13].

Siguieron  las huellas de Atkins otros grupos financieros. El grupo de la familia Rionda, que en 1893 se inició en los negocios bajo la firma de Tuinicú Sugar Company, adquirió en 1899 el Francisco y en 1910 el Washington. En 1899 apareció el grupo de Hawley, que se constituyó bajo la firma Cuban American Sugar Company, propietaria de los ingenios Mercedes y Tinguaro en Matanzas Adquirió además una refinería en Cárdenas, entonces la única existente en Cuba. Dicha compañía se fue organizando con la adición de nuevas propiedades, hasta constituir en 1910 una verdadera ¨holding company¨ o empresa matriz o de control con once millones de acciones emitidas[14].

El caso de más completa integración entre las empresas azucareras de EE.UU en Cuba lo presenta la United Fruit Co, que venía creciendo desde la década del ochenta del siglo XIX  a base del negocio de plantaciones en Centroamérica. Era la única firma que no descansaba en el sistema de colonos para su aprovisionamiento de materia prima.

Por otra parte, una serie de monopolios, distintos en su estructura y funcionamiento, llegaron a controlar por completo la producción azucarera nacional. Las grandes inversiones de las corporaciones financieras norteamericanas en las plantaciones azucareras cubanas, contribuyeron de forma objetiva a acentuar el proceso de desnacionalización de las fuerzas productivas domésticas y a la descapitalización de la burguesía dependiente insular.Pero más allá del aspecto formal, lo más importante es la aparición de entidades, como la Cuban American, que poseen una pluralidad de instalaciones fabriles y que se hallan, incluso verticalmente integrados en algunos casos-la Guantánamo Sugar Co., por ejemplo –con firmas refinadoras en EE.UU. 

No obstante, a lo largo del XIX se había ido formando, un núcleo de propietarios cubanos de ingenios, de grandes colonias de cañas y fincas de ganado. De esa manera se reconstruyó de forma parcial, como clase, una burguesía agraria cubana que tendría un carácter subordinado con relación al capital financiero. Desde la década de 1850, en el país se había establecido un poderoso sector de la burguesía insular, con inversiones en la industria, el comercio y las finanzas, como grupo preponderante de la sociedad colonial. 

Este sector de la burguesía industrial-comercial, resultado de la culminación del proceso de concentración de la propiedad, se caracterizará por poseer ingenios, con intereses muy bien perfilados en diversos renglones de la economía, el transporte, ferrocarril o marítimo, posesión de almacenes, bancos, entre otros, va a actuar, independientemente de su país de origen, cubano o español, a partir de sus fuertes vínculos con el capital extranjero, sobre todo norteamericano. Las familias Peñalver, Zulueta, Terry, Baró, conforman las lo más representativas de la burguesía esclavista industrial-comercial.
 
Al comenzar el siglo XX y aún después de avanzado este, todavía un grupo de familias provenientes de la oligarquía colonial española, de la segunda mitad del siglo XIX, detentaba la propiedad de un número importante de ingenios y centrales. Destacándose así el fenómeno de de la concentración de la propiedad de más de un central en manos de algunos grupos familiares o sociedades anónimas. Los herederos de algunos de los grandes comerciantes y casi siempre tratantes de esclavos del siglo XIX, como los mencionados anteriormente, poseían cada uno entre dos y cuatro ingenios azucareros[15].

La tendencia al agrupamiento de propiedades azucareras en manos de una sola entidad propietaria, mercantil o familiar, continuó manifestándose en el transcurso de los primeros veinte años del siglo. De manera paralela a los antiguos grupos, se desarrollaron las nuevas concentraciones de gran poder económico de capital doméstico, como los integrados por las entidades económicas de Gómez Mena, Falla, Aspuru, Fowler y Compañía, Domingo León y Nicolás Castaño[16].

La mayoría de esos comerciantes de la primera mitad del siglo XX se caracterizaban por la polivalencia mercantil, sobre todo los comerciantes portuarios. Se entiende por esto en primer lugar de ejercicio de ambas vertientes del comercio exterior-importación y exportación- y, en segundo lugar, la importación  simultánea de productos de distinto género. 

A este superior estrato de grandes comerciantes, correspondían sociedades que abarcaban un rango extraordinariamente amplio de actividades mercantiles; las mismas incluían diversos rubros de importación, la comercialización del azúcar y la refacción y/o operación directa de centrales azucareros sin desconectar algunas refinerías de azúcar y destilerías de mieles.

Por su parte la región histórica de Cienfuegos, situada al sur de la antigua provincia Santa Clara había sido la tradicional destinataria de la producción azucarera de una amplia zona servida por ferrocarriles. Al iniciarse la república mediatizada en 1902, Cienfuegos constituía una importante  región azucarera que heredó 23 centrales fundados  en el período colonial, a los que se añadieron dos nuevas unidades productoras: Covadonga, en fomento desde 1901, que hizo su primera zafra en 1904-1905 y el Violeta en 1915-1916, ambos en la zona de Aguada[17]; este último para hacer  solamente tres zafras. Nunca llegaron a estar activos a la vez los veinticinco.

En Cienfuegos las inversiones imperialistas no encontraron grandes extensiones de tierras libres como en las provincias de Camagüey y Oriente donde se pudieron levantar los colosos de la industria. Esto se debe a que desde el siglo XIX la región contaba con una infraestructura propicia para el desarrollo azucarero –ferrocarril, almacenes, puerto–. Lo cual  había impulsado la inversión de capitales regionales en la industria  y el perfeccionamiento de la experiencia técnico-administrativa.

 Al arribar el siglo XX Cienfuegos tenía una saturación de tierras cañeras.  Por tanto las inversiones norteamericanas no contribuyeron a fomentar el desarrollo de nuevos centrales; se limitaron a operaciones financieras, hipotecarias, de compra-venta, control del mercado de maquinarias de repuesto, del azúcar y otros insumos necesarios a la marcha de la industria. Solamente en 1915, se produjo el Violeta como nuevo central establecido en Aguada, que perteneció a la Violeta Sugar Company, presidida por Regino Truffin y cuya nacionalidad era cubana, pero pasó en 1918 a ser norteamericana por haber adquirido el Violeta la poderosa Compañía Cuba Cane Sugar Corporation.

Como expresión de las condiciones y dimensiones que alcanzaba la industria azucarera  en la región de Cienfuegos se establecieron, en este período varias empresas[18] cuyo objeto social lo constituye la fabricación de azúcar, es decir cuya unidad básica es el central. Se tienen referencias de un total de 31 sociedades mercantiles dedicadas a la producción azucarera. La mayoría de ellas con domicilio social en Cienfuegos. No obstante no se relacionan aquí las que fueron inscritas en  el resto del país y realizaron sus operaciones en la región[19]
 
De las 31 sociedades 13 eran tipo comanditaria o en comandita, 17 eran de tipología de Sociedad Anónima, mientras una era de tipo Regular Colectiva. Por lo que se aprecia que las sociedades mercantiles dedicadas a la producción azucarera optaron por las formas más modernas de organización empresarial ya que se inclinaron por la tipología comercial comanditaria o anónima, frente a la regular colectiva. 

Esto se hacía con el objetivo no solo de mejorar la gestión, sino sobre todo de atraer las inversiones necesarias para renovar la maquinaria, adquirir nuevos terrenos, construir líneas férreas y financiar los costes de la capacidad instalada, de manera que el proceso de producción se realizase sin que los centrales perdiesen el control de todos los elementos del proceso de fabricación.
En cuanto al proceso de formación de sociedades anónimas al comenzar el año 1902 no existía ninguna. Por lo tanto entre 1902 y 1920 se incrementaron en 17 y constituyendo más número que las comanditarias. Es decir se aceleró la modernización organizativa del sector mediante un proceso de corporativización de las sociedades y de remodelación de las empresas como sociedades anónimas.

Tales  sociedades  tuvieron como rasgos comunes la amplia diversidad de actividades económicas, la concentración en sus manos de la propiedad industrial azucarera y el mercado inmobiliario, la representación en suelo sureño de firmas extranjeras y el hecho de servir como intermediarios en el comercio exterior. Características que les permitió ofrecer servicios bancarios tales como: pignoración, refacción, préstamos y extensión de documentos de crédito. 

La mayoría de los empresarios no se limitaban a participar en una sola empresa o sociedad, por lo general era frecuente su participación en más de una firma mercantil, en ocasiones como socio gerente y en otras como comanditario, lo que les permitía tener el capital en constante movimiento, facilitándoles obtener ganancias por distintas vías, ya fuera invirtiendo fuertes sumas de capital en unas ocasiones o pequeñas cantidades en otras. Es decir la dispersión de capitales fue una alternativa llevada a cabo por los empresarios con el objetivo de asegurar y afianzar su patrimonio. 

Tal es el caso de Laureano Falla Gutiérrez que en el período estudiado tuvo participación en seis empresas azucareras. No obstante, no se limitó solo a los negocios azucareros En 1918 compró acciones dentro de la Compañía Cubana de Pesca. Otra de las operaciones económicas realizadas por el santanderino fue la fundación de una Compañía de Seguros contra accidentes de Trabajo, la llamada “Unión Agrícola Industrial”[20].
Entre 1910 y 1929 Falla Gutiérrez  fundó la planta eléctrica en Cienfuegos y Cárdenas, que constituyeron la generación de un servicio de vital importancia como lo es la electricidad para el desarrollo de ambas ciudades. Se desenvolvió en otras industrias como por ejemplo la Compañía de Fibras y Jarcias de Cárdenas. Fue vocal de la compañía The Cienfuegos, Palmira & Cruces Electric Railway. Se vinculó a la sociedad mercantil  Compañía Eléctrica Damují.
Otro ejemplo típico de la tesis expuesta  es el caso del comerciante, banquero e industrial de origen asturiano Acisclo del Valle Blanco. Dicho empresario  aportó en calidad de gerente 400 000 pesos a la Sociedad Suero Balbín y Valle[21] propietaria del central San Lino desde 1915 hasta 1920. No obstante participó además en los destinos mercantiles regionales y nacionales de varias sociedades mercantiles, como por ejemplo en la Compañía de Hielo de Caibarién S.A. En 1918 invirtió en la Cienfuegos Industrial S.A dedicada a la fabricación de cigarros y tabacos y en la Compañía Hernández y Hermanos S.Co dedicada a la fabricación de hielo, gaseosa, aguas minerales y artificiales.

Por su parte Modesto del Valle Blanco, hermano de Acisclo, tuvo participación en tres empresas azucareras. En la Cardona y Compañía[22], propietaria del central Lequeitio de 1904 a 1906; participa como socio gerente,  aportando la suma de 25 000 pesos. Integró la Compañía Azucarera de Cienfuegos, la cual obtuvo por compra el central San Lino en 1920 y la Santa Catalina S.A  tenedora del Santa Catalina.

Modesto también constituyó socio comanditario en: Amador Bengochea S.Co con capital de 10 000 pesos, en la sociedad mercantil Torrado y Martínez S.Co donde aportó 10 000 pesos. Participó e invirtió también en las sociedades anónimas: Autotransportación Cienfuegos y en la Compañía Minera de Camagüey S.A en 1917[23]. Estos últimos ejemplos muestran que los empresarios cienfuegueros no solo invertían sus capitales en la provincia sino en otras regiones del país.

Otro ejemplo lo constituye Nicolás Castaño Capetillo, de origen vasco, quien entre 1900 y 1920 no solo era propietario de los centrales San Agustín[24] y Andreíta, sino que también invirtió en sociedades mercantiles dedicadas a las industrias menores. Entre ellas podemos mencionar la planta de alumbrado eléctrico A. Font y Compañía S. en C. en 1900, en Vega Capetillo y Cía. S .en C. constituida en el mismo año y dedicada al ramo de la panadería.

Los comerciantes polivalentes Pedro Monasterio, Enrique Monasterio y Antonio Monasterio, los tres de origen asturiano, integraron la sociedad Central Manuelita Compañía Azucarera S.A. Pero además invirtieron en diferentes firmas dedicadas a la industrias mayores y menores, tal es el caso de la Compañía Eléctrica Damují S.A constituida en el mismo año, y por último la sociedad industrial Monasterio y Cía. en 1912 dedicada a la fabricación de cal y materiales de la construcción, en esta última aportan en total la suma de 8 000 pesos[25]

Los protagonistas de las empresas azucareras  tenían una procedencia diversa. Entre 1902 y 1920 en la región de Cienfuegos se registraron 31 sociedades mercantiles dedicadas al azúcar, en las cuales invirtieron capitales un total de 60 empresarios, de estos 19 eran de origen español, lo que representa un 31,67%. Los capitalistas cubanos sumaban 18 para un 30% del total. En tanto existían centrales en manos de capitalistas norteamericanos, los cuales eran un total de 21, constituyendo el 35%[26] y del 3,33% del empresariado se desconoce la procedencia.   

Los inversores estadounidenses aventajan en número a los de cualquier otra nacionalidad. No obstante sumados los empresarios azucareros españoles y cubanos representan el 61,67% del total, lo que demuestra una preponderancia, del empresariado doméstico. Esto permite afirmar que a pesar de la intervención norteamericana en Cuba y el dominio económico de este sobre la Isla, en el desarrollo de las empresas participaron  de forma activa y preponderante, los inmigrantes hispánicos y los cubanos radicados en la región, jugando  un papel fundamental en el desarrollo socioeconómico de la región histórica de Cienfuegos.

Los españoles constituían principalmente emigrantes, llegados a Cuba  en el último cuarto del siglo XIX. Los orígenes de los mismos parten , generalmente de antiguos dependientes que llegaron a establecer por cuenta propia a partir de sus respectivas casas matrices, los cuales se convirtieron en socios comanditarios de las entidades así surgidas.
Para analizar la importancia y solidez de las inversiones de los industriales domésticos en Cienfuegos se debe tener en cuenta el capital inicial aportado por ellos. De un total aproximado de 16 384 483 pesos invertido en la industria azucarera, aportaron la suma de 9 684 483  pesos. Los estadounidenses participaron con poco más de 7 000 000  pesos. Lo antes planteado evidencia el dominio del capital doméstico sobre el extranjero.

En fin, la región cienfueguera tuvo un notable desarrollo de de la industria azucarera mostrando una diversidad de centrales azucareros y de empresas encargadas del desarrollo de los mismos. El desarrollo de dichas empresas se correspondía con nivel de concentración y centralización del capital y la producción en la industria azucarera. De ahí la importancia de la evolución de las empresas, que muestra la evidencia de ese proceso específicamente en la región.
Notas y referencias


[1] Zanetti Lecuona, Oscar. Caminos para el azúcar.--La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 1987.
[2] Moreno Fraginals, Manuel. El ingenio. Complejo económico social cubano del azúcar.--La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 1978.
[3] Iglesias García, Fe. Del Ingenio al Central.-- La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1999. —203p.
[4] La moderna industria azucarera cubana, se construyó en la segunda mitad del siglo XIX. La excepcional dotación física de Cuba y la paulatina concentración de sus exportaciones de azúcar en el mercado de los EEUU, explican el modo en que se desarrolló la modernización de los ingenios insulares en la segunda mitad del XIX, adoptando la gran escala tecnológica de producción, con el objetivo de mantener condiciones de competitividad internacional. Solo faltaba el marco institucional para liberar su capacidad productiva, lo que proporcionó el inicio de la República  y el Tratado de Reciprocidad Comercial con los EEUU. Así las zafras iniciales de la centuria siguiente fueron como promedio un 58% más altas que en el decenio de 1890. [Antonio Santamaría Sin azúcar no hay país. La industria azucarera y la economía cubana (1919-1939)  Universidad de Sevilla, España, 2001 p.43]

[5] Zanetti Lecuona Oscar. El siglo que se fue: azúcar y economía en Cuba. Temas (La Habana) (24-25): 10-22, enero-junio de 200. p10.

[6] Valdés García, Orlando. La revolución cubana. Premisas económicas y políticas.-- La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 2007  p 5

[7] Zanetti Lecuona Oscar. 1898: comercio, reciprocidad, modernización. Temas (La Habana) (12-13) : 48-61, octubre 1997-marzo 1998 p49.

[8] Zanetti Lecuona Oscar.  Ob. Cit. Pág. 49.
     
[9]Le Riverend, Julio. La República, dependencia y revolución.-- Tercera Edición.--La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 1971.  p 151
[10] Colectivo de Autores. Ob. Cit. Pág. 133
[11]Pino Santos Oscar. Ob. Cit. Pág. 85
[12] Pino Santos Oscar. .Ob. Cit. Pág. 100.

[13]Le Riverend, Julio. La República, dependencia y revolución.-- Tercera Edición.--La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 1971.  p 66.

[14]Ibídem. Pág.66.
[15] García Álvarez, Alejandro. Ob.cit p 119.

[16]Ibídem. p 119.

[17] Colectivo de autores. Ob. Cit.  pp147-162.

[18] Se distingue con el nombre de comerciante y empresas individuales a todos los que sin formar sociedades se dedican a la industria y al comercio. Están pues comprendidos en esta denominación los industriales, los fabricantes, tengan o no establecimientos de venta, y los fabricantes y los comerciales con establecimiento abierto, mayorista y minorista, que ejecuten actos  y funciones de comercio.
Sin embargo las necesidades de la vida moderna han originado un gran aumento en el consumo de mercancías y servicios, hasta tal punto que nace la asociación. Además, y debido a que la cantidad de fortuna de una persona no es suficiente para atender a las necesidades de la producción esto también obliga a reunir capitales para lograr el volumen productivo necesario, de ahí el surgimiento de las sociedades mercantiles.
[19]  AHPC Protocolos Notariales de 1900-1920. 
[20] Ibídem. Pág. 25.

[21] AHPC Protocolos Notariales de José Ramón Entenza: Escritura de 8-2-1915

[22] AHPC. Protocolos Notariales Pedro Fuxá: Escritura 201, de8-9-1906

[23] AHPC. Protocolos Notariales  Arturo López Madrazo: Escritura de 27 -6-1917

[24] AHPC. Protocolos Notariales  José Fernández Pellón: Escritura 1126 de 23-11-1909

[25] AHPC. Protocolos Notariales José Fernández Pellón: Escritura de 7-5-1912.

[26] AHPC. Protocolos Notariales de 1900-1920. 

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