Igual o diferente
Autora: Lianyi Martínez
Al
analizar el comportamiento histórico de los empresarios y accionistas
azucareros asentados en la región cienfueguera se observan rasgos que los asemejan y que los
distinguen de sus homólogos en el resto de la Isla.
La primera semejanza se
advierte en cuanto a la composición del empresariado. Desde la década de 1850,
en Cuba se había establecido un poderoso sector de la burguesía, con inversiones en la industria, el comercio y
las finanzas, como grupo preponderante de la sociedad colonial. Va a ser
precisamente este sector de la burguesía industrial-comercial, los dueños de los
ingenios, que además se van a caracterizar por tener intereses en diversos
renglones de la economía, el transporte, ferrocarril o marítimo, posesión de
almacenes, bancos, entre otros.
Como resultado del fenómeno
de la concentración de la propiedad azucarera al comenzar el siglo XX y aún
después de avanzado este, todavía un grupo de familias provenientes de esa
oligarquía colonial española, de la segunda mitad del siglo XIX, detentaba la
propiedad de un número importante de ingenios y centrales. Así algunos grupos familiares
o sociedades mercantiles tenían más de un central en mano.
De manera paralela a los
antiguos grupos, se desarrollaron las nuevas concentraciones de gran poder
económico de capital doméstico. Ejemplo de ello en el resto del país se
encuentran las entidades económicas de Gómez Mena, Aspuru[1]
y en Cienfuegos la de Fowler y Compañía.
La mayoría de esos comerciantes de la primera
mitad del siglo XX se caracterizaban por la polivalencia mercantil, sobre todo
los comerciantes portuarios. Se entiende por esto en primer lugar de ejercicio
de ambas vertientes del comercio exterior-importación y exportación- y, en
segundo lugar, la importación simultánea
de productos de distinto género.
Por
lo que se puede decir que durante las
dos primeras décadas de siglo XX, los grandes empresarios en Cuba se hallaban
en condiciones de operar en ambas vertientes del comercio exterior y dedicarse,
además, a la concertación de operaciones crediticias de diversos tipos e
importancia. A partir de sus actividades mercantiles, estuvieron también en
condiciones favorables para asumir otras funciones de carácter manufactureras
de diverso tipo.
Además
a estrato de grandes empresarios, correspondían sociedades que abarcaban un
rango extraordinariamente amplio de actividades mercantiles; las mismas
incluían diversos rubros de importación, la comercialización del azúcar y la
refacción y/o operación directa de centrales azucareros sin desconectar algunas
refinerías de azúcar y destilerías de mieles.
La diferencia se observa en
cuanto al estudio de la nacionalidad de
los empresarios azucareros en Cuba, al decir de Oscar Pino Santos es a partir
de la Primera Guerra Mundial que tuvo
lugar el masivo fenómeno de las inversiones norteamericana, sobre todo en la
industria azucarera.
Hasta 1913, la banca
norteamericana se había limitado a financiar operaciones e inversiones en la
industria azucarera –tanto de firmas norteamericanas como cubanas – sin
implicarse directamente en las directivas de las corporaciones azucareras. La
atmósfera creada por la Primera Guerra Mundial conllevó a que los banqueros
entraran de lleno en el proceso inversionista involucrándose en la creación de
las grandes corporaciones constituidas en esos años.
Es entonces que una serie de
monopolios, distintos en su estructura y funcionamiento, llegaron a controlar
gran parte de la producción azucarera nacional.
La
contrapartida del auge que experimentó la producción azucarera cubana entre
1914 y 1925 fue el desarrollo de un proceso acelerado de desnacionalización de
esa industria, que pasó, a manos de empresarios norteamericanos[2]
Sin
embargo la región histórica de Cienfuegos, presentó como particularidad que la
coyuntura alcista determinada por el estallido de la Primera Guerra
Mundial no estimuló, como en otras regiones, el establecimiento de
nuevos centrales con capital extranjero. Solamente en 1915, se produjo el
Violeta como nuevo central establecido en Aguada, que perteneció a la Violeta
Sugar Company, controlada por empresarios norteamericanos.
El peso de la expansión de la industria
azucarera, se hizo sentir más hacia la regiones del este cubano, cuyas tierras
– en su mayoría virgen- habían quedado abiertas al cultivo gracias a la
construcción del ferrocarril central por la firma norteamericana Cuba Company.
Los
empresarios norteamericanos agrupados en entidades como la Cuban American
Sugar, la United Fruit y la Francisco Sugar Co. encabezaban el fomento de las nuevas regiones azucareras
orientales, donde se instalaban fábricas de gran capacidad.
Por otra parte, mientras en
la isla se manifestaba la presencia de las grandes entidades de perfil
monopolista, en Cienfuegos se presenció su influencia en cuanto a la
transformación de la realidad empresarial en el mundo del azúcar.
La forma de propiedad
personal o familiar características del siglo XIX, estaba siendo sustituida por
grandes corporaciones. Esta propiedad corporativa en la organización de los
negocios, fue una forma adoptada también por los hacendados hispano-cubanos cienfuegueros
que inscriben sus propiedades personales o familiares como sociedades anónimas.
Este proceso se advierte en
el hecho de que la proporción
de firmas azucareras hispano-cubanas constituidas como sociedades anónimas, en
Cienfuegos pase de un 25% a un 75% entre 1913 y 1920.
Ejemplo de ello lo constituye la creación de las empresas Santa Catalina S.A,
Dos Hermanas Sugar Company y la Compañía Azucarera de Cienfuegos.
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