viernes, 6 de octubre de 2017

¿Cómo investigar la historia de la industria azucarera a través de los fondos documentales del Archivo Histórico Provincial de Villa Clara?



El conocimiento de lo sucedido  en el sector azucarero durante la primera mitad del siglo XX es decisivo para  entender el acontecer sociopolítico y cultural del país. Esto se debe a la  notable incidencia de la producción azucarera en la sociedad cubana como primer renglón de la economía tanto en lo social, lo político y lo cultural.  Infinidad de trabajos editados, abordan el estudio de la industria azucarera como tema principal o colateral. Ejemplo de ello lo constituyen los libros: Caminos para el azúcar[i], de  Oscar ZanettiLecuona y  Alejandro García Álvarez; El ingenio. Complejo económico social cubano del azúcar[ii] de Manuel Moreno Fraginals y  Del Ingenio al Central[iii] por Fe Iglesias García.

No obstante existen numerosas fuentes documentales afines,  a la investigación sobre dicho tema, ubicadas en los en los Archivos Históricos y las Bibliotecas Provinciales del país. Particularmente el Archivo Histórico Provincial de Villa Clara cuenta con los Censos de 1899, 1907 y 1919, los Anuarios Azucareros, los Manuales del Azúcar de Cuba (The Gilmore´s), las Memorias Azucareras. Son de utilidad además  los  fondos Hemeroteca, Mapoteca y Fototeca de la citada institución. 
Por otra parte encontramos los protocolos notariales los cuales constituyen un puntal esencial. El Archivo Provincial de Villa Clara atesora protocolos notariales de los siglos XIX Y XX. Entre  ellos encontramos más de  200 notarios donde la gran mayoría plasmaron sus escrituras en más de 2 tomos durante las etapas de colonia, la República y la Revolución. Los protocolos notariales atesorados en la Institución proceden de la labor de los escribanos y notarios de la Provincia de Villa Clara por lo que su sujeto productor es el Ministerio de Justicia.  El funcionamiento de los notarios a través de la plasmación de  los diversos actos legales  del quehacer político,  económico y social del territorio aportan información de variadas temáticas y las que particularmente aportan a la investigación son hipotecas, adjudicaciones de bienes, testamentos, fundación y cancelación de sociedades, compra-ventas de fincas rústicas y urbanas, poderes especiales y generales, matrimonios, entre otras operaciones.
Por lo que se puede apreciar la importancia de la identificación y valoración de los fondos documentales en el Archivo Histórico de Villa Clara, ya que constituyen una herramienta de gran utilidad para la investigación histórica, y de la industria azucarera en particular.


[i]ZanettiLecuona, Oscar. Caminos para el azúcar.--La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 1987.
[ii] Moreno Fraginals, Manuel. El ingenio. Complejo económico social cubano del azúcar.--La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 1978.
[iii]Iglesias García, Fe. Del Ingenio al Central.-- La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1999. —203p.

miércoles, 19 de abril de 2017

Un acercamiento al pensamiento agrario de José Martí



El trabajo con la obra martiana en todas sus aristas es de suma importancia para llegar a comprender  relaciones sociales en la contemporaneidad, debido a la vigencia extraordinaria de su pensamiento. En este sentido, sería de gran interés analizar el pensamiento agrario del Maestro revelado a través de sus diversos escritos. Además la divulgación de estas ideas podría contribuir a un mayor conocimiento de los campesinos cubanos, los jóvenes y el pueblo en general.

El Apóstol, analiza con profundidad la sociedad de la época en que vive; y comprende la relación del hombre, la naturaleza y la sociedad. Es a través de sus publicaciones que contribuye a la formación de una conciencia en la población. En periódicos como La América, de Nueva York, y La Opinión Nacional, de Caracas, entre 1881 y 1884, concentra su interés en las relaciones entre el desarrollo de la ciencia y la tecnología, la economía y la naturaleza, en busca de alternativas para una inserción más productiva y justa de América Latina en el mercado mundial.

Considera que el continente americano, carece de recursos minerales, por lo que la base de nuestras economías debe ser  sino el cultivo de la tierra.  En ella puede encontrase la vía económica que sustente a sus habitantes y así se pueda acabar con las injusticias, las desigualdades sociales y  la ignorancia. Además plantea la necesidad de un adecuado cultivo de la tierra en los países de América, con técnicas modernas, como lo hacen otros países más avanzados. 

Al decir de José Martí ¨ La tierra produce sin cesar… si los que en ella viven quieren librarse de miseria, cultívenla de modo que en todas las épocas produzca más de lo necesario para vivir: así se basta la imprescindible, se previene lo fortuito, y, cuando lo fortuito no viene se comienza el ahorro productivo que desarrolla la verdadera riqueza”[1].Considera que para alcanzar esto se debe lograr primero  una correcta enseñanza de la agricultura y que por lo tanto los trabajadores agrícolas deben ser obreros calificados con conocimiento agropecuario, sobre esto señaló:

“la enseñanza de la agricultura es aún más urgente, pero no en las escuelas técnicas, sino en estaciones de cultivo, donde no se describan las partes del arado sino delante de él y manejándolo, y no se expliquen en fórmula sobre la pizarra la composición de los terrenos, sino en las capas mismas de la tierra.”[2]
 
En el trabajo “La próxima exposición de Nueva Orleans”, publicado en La América, en mayo de 1884  hizo de inmediato una reflexión al tener en cuenta lo que sucedía en América Latina y planteó al respecto: “En los pueblos que han de vivir de la agricultura los gobiernos tienen el deber de enseñar preferentemente el cultivo de los campos. Se está cometiendo en el sistema de educación de la América Latina un error grandísimo: en pueblos que viven casi por completo de los productos del campo, se educa exclusivamente a los hombres para la vida urbana, y no se les prepara para la vida campesina”.[3]
 
Estamos ante un discurso nuevo para la época, en el que lo social y lo político, lo natural y lo cultural, se fusionan y la naturaleza misma es reformulada como categoría política. Así abre paso al rescate de la cultura de la naturaleza de los sectores populares como elemento legítimo en la definición de la identidad cultural de la región.

También comentó sobre los cultivos, los abonos, los bosques y otros temas agrícolas. Al analizar el valor de la adecuada preparación de las tierras planteó que en agricultura, como en todo, preparar bien ahorra tiempo, y además evita riesgos. En otro de sus trabajos, en este caso el titulado “A los agricultores”, reflejado en esta publicación en enero de 1884, reiteró que no hay en la agricultura acaso cosa más importante que preparar bien la tierra para la siembra, y añadió: “La tierra más fértil necesita preparación. Aún en países exuberantes, se distingue el fruto cosechado en tierra cuidada del fruto sembrado en la tierra dejada a sí propia”.[4]

Enfatizó en la necesidad de un estudio esmerado de los abonos al expresar: “Quien abona bien su tierra, trabaja menos, tiene tierra para más tiempo, y gana más”.[5]
 
Llegó también a plantear lo que pensaba en relación con el cuidado y desarrollo de los bosques. Acerca de ello enfatizó: “La cuestión vital de que hablamos es esta: la conservación de los bosques, donde existen; el mejoramiento de ellos, donde existen mal; su creación, donde no existen”.

La única fuente constante, cierta y enteramente pura de riqueza, es así como calificó el maestro a la agricultura en un artículo publicado en Nueva York, titulado “La América Grande” ,[6] en agosto de 1883. A través  del análisis de los documentos martianos, fundamentalmente aquellos publicados en la prensa de su época, se puede apreciar la gran importancia que le dio el Apóstol a la agricultura, en la que vislumbró posibilidades nuevas para  los pueblos del continente. Es por ello que afirmó: ¨Siémbrese agricultura y se cosechara grandeza  y riqueza¨[7].

Estas ideas cobran singular importancia en nuestra Patria, al ser Cuba un país eminentemente agrícola, donde los productos del agro desempeñan un papel fundamental en la alimentación de la población. Con el triunfo de la revolución cubana se realizaron profundas transformaciones democráticas que eliminaron de nuestra agricultura, el latifundismo y todas las lacras que afectaban la economía cubana. 

Las múltiples instituciones educacionales, las escuelas agrícolas, la creación de centros de investigación agropecuaria, en fin, la aplicación de la ciencia y la técnica en el desarrollo de la agricultura cubana, han contribuido a hacer realidad los sueños de José Martí en este campo. Es precisamente en este contexto que las ideas de José Martí cobran vigencia y su pensamiento agrarista comienza a aplicarse en la sociedad  cubana.

Bibliografía
Martí, José. Obras completas. Tomos 1- 8. Nuestra América. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 1975 (versión digital)
Martí, José. Pensamiento sobre agricultura. Naturaleza, agricultura y trabajo. Universidad de La Habana 1968.
http://edusol.cug.co.cu







[1]. Martí, José. Naturaleza, agricultura, trabajo. Cuadernos cubanos. Hortensia Pichardo. Universidad de La Habana 1968. p 29.
[2] Martí, José. Obras Completas. (digital)
[3] Ibídem
[4] Ibídem
[5] Ibídem
[6]Martí, José en: América Grande. Obras Completas. (digital)
[7] Martí, José. Obras Completas. (digital)

miércoles, 15 de marzo de 2017

Comentarios sobre la obra Historia de la Villa de Sagua la Grande y su Jurisdicción.



El libro Historia de la Villa de Sagua la Grande y su Jurisdicción, fue publicado en el año 1905 por Antonio Miguel Alcover  Beltrán (1875-1915), destacado historiador cubano del siglo XIX, natural de Sagua la Grande. Dicho autor cursó estudios en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara y cuatro años en la carrera de medicina en la Universidad de La Habana. Al estallar la guerra en 1895 emigró a México. Allí colaboró en los órganos de los emigrados cubanos en ese país, editados en Veracruz, así como también en las publicaciones de la capital mexicana: El Continente Americano, Diario del Hogar y La Libertad. 

Después de firmada la paz, regresó a Cuba, y ocupó cargos en la Secretaría de Instrucción Pública, en Sanidad Marítima y, luego, en el Cuerpo Consular acreditado en el extranjero. Fue codirector de Sagua Ilustrada (1899) y colaboró en varios boletines de divulgación científica en la nación. Además era miembro de instituciones históricas y geográficas de España, México y Venezuela y en 1911 fue nombrado jefe del Archivo Nacional. No obstante, su labor primaria la constituía la investigación de la historia de Sagua la Grande. Este historiador murió muy joven con solo 40 años de edad, sin embargo su abnegado trabajo nos dejó la herencia de importantes acontecimientos del siglo XIX, gracias a las entrevistas personales a habitantes de la región y sus visitas a  archivos locales, provinciales y nacionales.

Para el período en que se escribe el libro Sagua constituía una de las regiones más prósperas de  la región central. Situada en la llanura norte de Villa Clara, forma  una amplia franja de terreno llano entre la Sierra de Jumagua y el mar. El río Sagua la Grande le presta su nombre y recorre sus campos atravesando la ciudad, antes de desembocar en el Atlántico por Isabela de Sagua, es además el tercero más largo del país. La fundación oficial de la ciudad había ocurrido el 8 de diciembre de 1812 y en  1817, gracias al  rápido crecimiento de la población  y del desarrollo de la región fue creada la Capitanía y en 1822 el Ayuntamiento. 

La ciudad no fue muy afectada por las guerras de Independencia, lo que condujo a un acelerado desarrollo económico en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, período en el que se construyeron elegantes edificaciones y obras públicas como el primer alcantarillado de Cuba (1853), uno de los primeros ferrocarriles de la Isla y el acueducto (1893). Este desarrollo condujo a que la ciudad fuera a la delantera en muchos aspectos de la vida social y económica. Algunas de las primicias de Sagua La Grande fueron la construcción del primer buque de vapor cubano en 1849; la publicación del primer periódico científico editado fuera de la capital cubana, "El eco científico de Las Villas" (1883), el desarrollo del primer movimiento reformista de alcance nacional para enfrentar la crisis económica de la década de 1880; la fundación del primer colegio laico de Cuba, "Luz y Verdad", en 1886 por Juan J. de Garay. Fue, igualmente, una de las primeras ciudades cubanas en disponer de energía eléctrica. 

En este contexto es realizada la obra Historia de Sagua la Grande. En 1905 se publica el libro de 600 hojas, compuesto por 44 capítulos. El texto contiene exhaustivas descripciones de la sociedad del territorio sagüero desde la época de la conquista española hasta  los primeros años del siglo XX. En los primeros capítulos aborda temas como las características de los aborígenes del territorio a la llegada de los españoles y sucesos importantes ocurridos durante la conquista. 

Describe, además, las particularidades topográficas, rurales y urbanas de la región y datos estadísticos acerca de la población. Aborda la manera en que se realizaron las mercedaciones de tierra y demás aspectos de la economía en la primera etapa del siglo XIX.  De esta manera, aporta los datos que evidencian la evolución y desarrollo económico de la región hasta la fundación de la ciudad.

También trató temas como el urbanismo, las primeras autoridades políticas, desastres naturales, el fomento de la agricultura y la introducción de la esclavitud. Escribe sobre aspectos de singular importancia como fueron las gestiones para la independización del territorio de Sagua de la administración de Santa Clara y los límites  jurisdiccionales. Abarca sucesos de interés para el progreso local como la fundación de la imprenta y  el primer periódico.

La construcción de obras públicas, las comunicaciones, las sociedades industriales principales, los datos  biográficos de personalidades en el territorio y los hechos que sucedieron durante la guerra de 1868 y posteriormente la del 95 (posición de los gobernantes locales y personas que destacaron en la lucha), son otras informaciones que podemos encontrar en su obra. 

En el libro sobresalen  las principales características del positivismo como corriente historiográfica, pues se aprecia una narración de  las cosas tal  y como sucedieron,  se exponen la multiplicidad de los hechos humanos en series ordenadas. La investigación está centrada en la reconstrucción cronológica y se hace uso de la estadística indiscriminadamente. No obstante, la obra  Historia de la Villa de Sagua la Grande y su Jurisdicción,  constituye un valioso libro para el conocimiento y estudio de la historia que aconteció durante el siglo XIX, en la conocida ¨ Villa del Undoso¨.