El trabajo
con la obra martiana en todas sus aristas es de suma importancia para llegar a
comprender relaciones sociales en la
contemporaneidad, debido a la vigencia extraordinaria de su pensamiento. En
este sentido, sería de gran interés analizar el pensamiento agrario del Maestro
revelado a través de sus diversos escritos. Además la divulgación de estas
ideas podría contribuir a un mayor conocimiento de los campesinos cubanos, los
jóvenes y el pueblo en general.
El Apóstol, analiza con profundidad la
sociedad de la época en que vive; y comprende la relación del hombre, la
naturaleza y la sociedad. Es a través de sus publicaciones que contribuye a la
formación de una conciencia en la población. En periódicos como La América,
de Nueva York, y La Opinión Nacional, de Caracas, entre 1881 y 1884, concentra
su interés en las relaciones entre el desarrollo de la ciencia y la tecnología,
la economía y la naturaleza, en busca de alternativas para una inserción más
productiva y justa de América Latina en el mercado mundial.
Considera que el continente americano,
carece de recursos minerales, por lo que la base de nuestras economías debe ser
sino el cultivo de la tierra. En ella puede encontrase la vía económica que
sustente a sus habitantes y así se pueda acabar con las injusticias, las
desigualdades sociales y la ignorancia.
Además plantea la necesidad de un adecuado cultivo de la tierra en los países
de América, con técnicas modernas, como lo hacen otros países más avanzados.
Al decir de
José Martí ¨ La tierra produce sin cesar… si los que en ella viven quieren
librarse de miseria, cultívenla de modo que en todas las épocas produzca más de
lo necesario para vivir: así se basta la imprescindible, se previene lo
fortuito, y, cuando lo fortuito no viene se comienza el ahorro productivo que
desarrolla la verdadera riqueza”[1].Considera que para alcanzar esto se
debe lograr primero una correcta
enseñanza de la agricultura y que por lo tanto los trabajadores agrícolas deben
ser obreros calificados con conocimiento agropecuario, sobre esto señaló:
“la
enseñanza de la agricultura es aún más urgente, pero no en las escuelas
técnicas, sino en estaciones de cultivo, donde no se describan las partes del
arado sino delante de él y manejándolo, y no se expliquen en fórmula sobre la
pizarra la composición de los terrenos, sino en las capas mismas de la tierra.”[2]
En el trabajo “La próxima exposición
de Nueva Orleans”, publicado en La América, en mayo de 1884 hizo de inmediato una reflexión al tener en
cuenta lo que sucedía en América Latina y planteó al respecto: “En los pueblos
que han de vivir de la agricultura los gobiernos tienen el deber de enseñar
preferentemente el cultivo de los campos. Se está cometiendo en el sistema de
educación de la América Latina un error grandísimo: en pueblos que viven casi
por completo de los productos del campo, se educa exclusivamente a los hombres
para la vida urbana, y no se les prepara para la vida campesina”.[3]
Estamos ante un discurso nuevo para la
época, en el que lo social y lo político, lo natural y lo cultural, se fusionan
y la naturaleza misma es reformulada como categoría política. Así abre paso al
rescate de la cultura de la naturaleza de los sectores populares como elemento
legítimo en la definición de la identidad cultural de la región.
También
comentó sobre los cultivos, los abonos, los bosques y otros temas agrícolas. Al
analizar el valor de la adecuada preparación de las tierras planteó que en
agricultura, como en todo, preparar bien ahorra tiempo, y además evita riesgos.
En otro de sus trabajos, en este caso el titulado “A los agricultores”,
reflejado en esta publicación en enero de 1884, reiteró que no hay en la
agricultura acaso cosa más importante que preparar bien la tierra para la
siembra, y añadió: “La tierra más fértil necesita preparación. Aún en países
exuberantes, se distingue el fruto cosechado en tierra cuidada del fruto
sembrado en la tierra dejada a sí propia”.[4]
Enfatizó en la
necesidad de un estudio esmerado de los abonos al expresar: “Quien abona bien
su tierra, trabaja menos, tiene tierra para más tiempo, y gana más”.[5]
Llegó también a plantear lo que
pensaba en relación con el cuidado y desarrollo de los bosques. Acerca de ello
enfatizó: “La cuestión vital de que hablamos es esta: la conservación de los
bosques, donde existen; el mejoramiento de ellos, donde existen mal; su
creación, donde no existen”.
La única fuente constante, cierta y enteramente pura de riqueza, es así como calificó el maestro a la agricultura en un artículo publicado en Nueva York, titulado “La América Grande” ,[6] en agosto de 1883. A través del análisis de los documentos martianos, fundamentalmente aquellos publicados en la prensa de su época, se puede apreciar la gran importancia que le dio el Apóstol a la agricultura, en la que vislumbró posibilidades nuevas para los pueblos del continente. Es por ello que afirmó: ¨Siémbrese agricultura y se cosechara grandeza y riqueza¨[7].
La única fuente constante, cierta y enteramente pura de riqueza, es así como calificó el maestro a la agricultura en un artículo publicado en Nueva York, titulado “La América Grande” ,[6] en agosto de 1883. A través del análisis de los documentos martianos, fundamentalmente aquellos publicados en la prensa de su época, se puede apreciar la gran importancia que le dio el Apóstol a la agricultura, en la que vislumbró posibilidades nuevas para los pueblos del continente. Es por ello que afirmó: ¨Siémbrese agricultura y se cosechara grandeza y riqueza¨[7].
Estas ideas
cobran singular importancia en nuestra Patria, al ser Cuba un país
eminentemente agrícola, donde los productos del agro desempeñan un papel
fundamental en la alimentación de la población. Con el triunfo de la revolución
cubana se realizaron profundas transformaciones democráticas que eliminaron de
nuestra agricultura, el latifundismo y todas las lacras que afectaban la
economía cubana.
Las
múltiples instituciones educacionales, las escuelas agrícolas, la creación de
centros de investigación agropecuaria, en fin, la aplicación de la ciencia y la
técnica en el desarrollo de la agricultura cubana, han contribuido a hacer
realidad los sueños de José Martí en este campo. Es precisamente en este
contexto que las ideas de José Martí cobran vigencia y su pensamiento agrarista
comienza a aplicarse en la sociedad cubana.
Martí, José. Obras completas. Tomos 1-
8. Nuestra América. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 1975 (versión
digital)
Martí, José. Pensamiento sobre
agricultura. Naturaleza, agricultura y trabajo. Universidad de La Habana 1968.
http://edusol.cug.co.cu
[1].
Martí,
José. Naturaleza, agricultura,
trabajo. Cuadernos cubanos. Hortensia Pichardo. Universidad de La Habana 1968.
p 29.
[2]
Martí, José. Obras
Completas. (digital)
[3]
Ibídem
[4]
Ibídem
[5]
Ibídem
[6]Martí, José en: América Grande.
Obras Completas. (digital)
[7]
Martí, José. Obras
Completas. (digital)