jueves, 20 de septiembre de 2018

La industria azucarera en América. Consideraciones teóricas.



La caña de azúcar fue conducida desde sus lugares de origen en Asia, y especialmente en la India, a distintas parte de África y Europa hacia el siglo XV, por lo regular siguiendo el rumbo de los movimientos migratorios, las invasiones y el comercio.  Los españoles y portugueses reprodujeron  las elementales técnicas de extracción de los jugos que con anterioridad habían sido usadas por los musulmanes en Andalucía y Valencia y así lograron consolidar el aprovechamiento agrícola y manufacturero de la planta durante las centurias siguientes.

Este producto agrícola llega a América, en la época del descubrimiento y conquista,  a través de  navegantes, colonizadores y frailes procedentes de la Península Ibérica. Siguiendo los rumbos marcados por la bula papal para el reparto del Nuevo Mundo, los lusitanos llevaron la gramínea a Brasil y los hispanos a las Antillas y a otras zonas del Norte y Suramérica[1].

Desde la primera mitad del siglo XVI, cuando se iniciaron los cultivos de la caña en América, su aprovechamiento se ha realizado de manera ininterrumpida y cubriendo grandes espacios a lo largo y ancho del Nuevo Continente. El posterior desarrollo que la agroindustria del dulce llegó a alcanzar en varios de los países del área  la convirtió en un sector determinante de sus economías nacionales, mientras que en otros desempeñó una función complementaria de suma importancia (Brasil, Colombia, Perú o México).

La caña de azúcar fue desde un principio la materia prima por excelencia utilizada en la industria azucarera. Sin embargo, la difusión de nuevas técnicas industriales en Europa para el beneficio de la remolacha en el inicio del siglo XIX y su protección en los mercados del Viejo Continente, originó una situación especialmente competitiva que afectó a las tradicionales áreas cultivadoras de caña. Tales tecnologías y los aranceles favorecieron el desarrollo de la oferta mundial de dulce y propiciaron el establecimiento de fábricas en lugares que por su naturaleza o clima no habían podido introducir la siembra de la gramínea y se habían visto obligados a importar su jugo cristalizado.

El largo proceso de desarrollo que siguió la industria azucarera en América desde sus orígenes hasta nuestros días ha quedado registrado en la  memoria colectiva gracias a los estudios realizados por varias generaciones de historiadores, economistas, científicos sociales en general y técnicos industriales, agrícolas y químicos. El desarrollo de dicha actividad ha ocupado un lugar destacado,  en las obras dedicadas al análisis del pasado en los países en que se implantó en mayor o menor grado, dependiendo de su importancia económica y social.

Fue a finales del siglo XIX e inicios del XX cuando la agroindustria azucarera alcanzó su madurez tecnológica, empresarial, mercantil y financiera, con la adopción de procedimientos de producción en masa y la creación de grandes corporaciones elaboradoras de crudo y refinadoras[2]. Su crecimiento desde entonces agregó complejidad a su importancia económica, social, política y cultural en las áreas dedicadas a dicha actividad. Los ciclos del mercado internacional, generados por la competencia, las guerras y otros conflictos y el proteccionismo, alternaron momentos de auge, estancamiento y crisis, que afectaron a países, o a colonias completas muy dependientes de ella, que se han estudiado en el contexto de los procesos históricos particulares y generales con el fin de conocerlos mejor y de plantear soluciones a partir de su análisis.

Otro elemento que ha sido tradicionalmente objeto de estudio historiográfico es la esclavitud, que estuvo ligada a la plantación azucarera desde sus orígenes y,
especialmente, en Haití antes de la Revolución de 1791, en Brasil, Perú, Puerto Rico, los Estados Unidos y Cuba, sobre todo durante el siglo XIX, y hasta la abolición de dicha institución en diferentes momentos en la segunda mitad del siglo. El análisis del tema despertó la curiosidad de los intelectuales, políticos y de diversos personajes desde fechas muy tempranas. Como ejemplo basta citar la  obra de J.A. Saco[3].

Es un hecho conocido que antes de la década de 1920 la historiografía latinoamericana estuvo muy impregnada de un aliento político-nacionalista. A causa de ello, rara vez se planteó la necesidad de conocer la historia de las economías ni de buscar explicaciones en ella para el esclarecimiento de los procesos que acontecieron en el devenir de los países. No obstante, los problemas relacionados con las etapas de auge y crisis provocados por la inestabilidad de la libre competencia durante los años de la Primera Guerra Mundial y posteriores, sirvieron de estímulo para que tales temas, y particularmente los relacionados con la producción de azúcar, comenzaran a ser objetos de análisis en aquéllas zonas donde se había convertido en una actividad fundamental. Las obras del cubano Ramiro Guerra, del mexicano A Ruiz de Velasco y de A. Gayer se escribieron en ese contexto[4].

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, historiadores de muchos países, productores o importadores de azúcar de caña y remolacha, empezaron a dedicar sus esfuerzos a los estudios relacionados con el cultivo y la manufactura de dicho alimento. Durante los últimos cuarenta años han sido publicados los más importantes libros sobre las actividades agrícolas e industriales del sector en los cinco continentes, así como sobre sus consecuencias económicas, sociales, políticas o medioambientales a lo largo del tiempo.

Obras de carácter general, como la de N. Deerr, publicada en 1950, o la posterior de S.W. Mintz, historias azucareras nacionales, por ejemplo, la de E.J. Sehleh acerca de la Argentina, las de R.T. Ely y M. Moreno Fraginals dedicadas a Cuba, C.Edquist a la Gran Antilla y Jamaica (uno de los trabajos comparativos que también abundan en estos estudios), T. Szmrecsányi a Brasil, B. Albert o P.F. Klaren al Perú, E. Friedman a Paraguay, A. Ramos Mattei a Puerto Rico, F. Báez a la República Dominicana, C.Y. Thomas a Guyana, o A.S. Eichner a los Estados Unidos, o la compilación dirigida por H. Crespo sobre México, son algunos de los múltiples ejemplos de una extensa y variada historiografía que, con el paso del tiempo, ha ido ampliando los espectros de análisis, abordando cada vez más aspectos del sector y de sus implicaciones en las sociedades de los países[5].

Junto a las anteriores, además, se editaron obras con similares características,
pero con una perspectiva local, por ejemplo, las de P. Eisenberg, dedicada a Pernambuco, S.B. Schwartz a Bahía (ambas regiones se encuentran en Brasil), D.J. Guy o D. Campi a Tucumán (Argentina), P.L. San Miguel a Vega Baja y F.A. Scarano a Ponce (en Puerto Rico las dos últimas), J.C. Sitterson o J.A. Heitman al Sur de los Estados Unidos, o L.W. Bergad a Matanzas (Cuba).

Además se han escrito estudios de empresas, empresarios y también dedicadas a los sectores mercantiles y financieros y organismos diversos implicados en la producción y comercio del azúcar. Por otro lado, infinidad de trabajos editados, abordan el estudio de la industria azucarera como tema principal o colateral, por su relación con aspectos más generales o específicos de la historia de los países y regiones en que se realizó dicha actividad, tanto económicos, como sociales, políticos o culturales.

 Ejemplos de los que decimos, entre los muchos posibles, son los libros de los colaboradores de este volumen, P.F. Klaren, Las haciendas azucareras y los orígenes del APRA; O.G. Ramos, La caña de azúcar en la cultura colombiana; F.W. Knight, The Caribbean: the Genesis of a Fragmented Nationalism, S.B. Schwartz, Slaves, Peasants, and Rebels. Reconsidereing Brazilian Slavery, u O.Zanetti y A. García Álvarez, Caminos para el azúcar[6].

De manera general existen obras que presentan un recorrido amplio por el desarrollo del sector, y otros más particulares en su cronología o contenidos, centrados especialmente en el cultivo o la manufactura, en las relaciones laborales (incluyendo, claro está, la esclavitud), la comercialización, financiación u organización empresarial, y con enfoques en ambos casos que priorizan o mezclan lo económico, lo estadístico, lo social, lo político o lo cultural.

Se debe tener en cuenta que su manufactura que la industria azucarera  sirvió de modelo a la teoría sobre la organización empresarial, que su cultivo fue objeto prioritario de la labor de agrónomos y químicos, y que ambos, junto a su comercio, financiación y a una amplia gama de producciones y servicios requeridos por el dulce negocio, ocuparon a una enorme cantidad de personas.

La mano de obra empleada, además, fue aportada en muchas ocasiones por flujos migratorios permanentes y temporales (para trabajar en la zafra), compulsivos (esclavos africanos y también chinos, incluso indios yucatecos en el caso cubano) o voluntarios, que configuraron sociedades y culturas híbridas y, debido a ello, dieron lugar a un sin-fin de conflictos, pero también a ejemplos de mezcla, convivencia y tolerancia y a proyectos políticos, entre los que se debe citar la temprana revolución negra de Haití y diversos programas y gobiernos nacionales o regionales en Brasil, Cuba, Puerto Rico y el resto de las Antillas. Por lo tanto se llega a la conclusión de que existen sobradas razones por las cuales las  investigaciones acerca de la  industria azucarera en América y la se han convertido con el tiempo en un tema historiográfico de primer orden.


Bibliografía

Cerutti, Mario, y Menno Villenga. Burguesías e Industria en América Latina y Europa Meridional/ Mario Cerutti,  Meno Villenga. --Madrid: Editorial Alianza, 2000.—167p

Guerra y Sánchez, Ramiro. Azúcar y Población en las Antillas. / Ramiro Guerra y Sánchez.-- La Habana: Manual de Historia de Cuba, Económica, Social y Política. Cultural S. A. Tercera Edición, 1944.—195p
Saco, José Antonio. Historia de la esclavitud en el Nuevo Mundo y en especial en los países americo-hispanos, 4 vols., La Habana, Cultural, 1938 (1º ed. 1875-1879)
Santamaría Antonio y García Álvarez Alejandro.  Revista de Indias, 2005, vol. LXV, num. 233,  ISSN: 0034-8341,p.2






[1] Santamaría Antonio y García Álvarez Alejandro.  Revista de Indias, 2005, vol. LXV, num. 233, Pags. 9-32, ISSN: 0034-8341, p.2
[2] Ibídem p.11
[3] Saco, José Antonio. Historia de la esclavitud en el Nuevo Mundo y en especial en los paises americo-hispanos, 4 vols., La Habana, Cultural, 1938 (1º ed. 1875-1879).
[4] Guerra, Ramiro. Azúcar y población de Las Antillas, La Habana, Cultural, 1927; F. Ruiz de Velasco,
Historia y evolución del cultivo de la caña y la industria azucarera en México, hasta el año de 1910, México, Publicaciones de Azúcar, 1937, y A. Gayer et al., The Sugar Economy of Porto Rico, New York, Columbia Univ. Press, 1938.

[5] N. Deerr, The History of Sugar, London, Chapman & Holl, 1950; S.W. MINTZ, Sweetness
and Power. The Place of Sugar in Modern History, New York, Penguin, 1985; E.J. SEHLEH, Noticias
históricas sobre el azúcar en la Argentina, Buenos Aires, Centro Azucarero Argentino, 1945;
R.T. ELY, Cuando reinaba su majestad el azúcar, Buenos Aires, Sudamérica, 1963; M. Moreno
Fraginals, El ingenio. Complejo económico social del azúcar cubano, 3 vols., La Habana, Ciencias
Sociales, 1978; C. EDQUIST, Capitalism, Socialism and Technology: a Comparative Study of
Cuba and Jamaica, London: Zed Books, 1985; T. SZMRECSÁNYI, O planejamento da agroindustria
canaveira do Brasil (1930-1975), São Paulo, Univ. Estadual de Campinas, 1979; B. Albert, An
Essay on the Peruvian Sugar Industry, 1880-1922, and the Letters of Ronald Gordon, Administrator
of the British Sugar Company in the Canete Valley, 1914-1919, Norwich, School of Social
Studies, Univ. of East Anglia, 1976. A. RAMOS MATTEI, The Influence of Mechanization in the System of Sugar Production in Puerto
Rico, 1873-1898, tesis doctoral, London, Univ. of London, 1977, y La hacienda azucarera: su
crecimiento y crisis en Puerto Rico (siglo XIX), San Juan, CEREP, 1981; F. BÁEZ, Azucar y dependencia en la Republica Dominicana, Santo Domingo, Univ. Autónoma de Santo Domingo, 1978;
C.Y. THOMAS, Plantations, Peesants and State. A Study of the Mode of Sugar Production in Guyana,
Los Angeles, Univ. of California y Univ. of West Indies, 1984; A.S. EICHNER, The Emergence
of Oligopoly. Sugar Refining as a Case Study, Baltimore, John Hopkins Univ. Press, y H. CRESPO
(dir.), Historia del azucar en Mexico, 2 vols., México, FCE, 1989-1990.


[6] P.F. Klaren ; O.G. Ramos, La caña de azúcar en la cultura colombiana, Cali (en prensa);
F.W. Knight, The Caribbean: the Genesis of a Fragmented Nationalism, New York, Oxford
Univ. Press, 1978; S.B. Schwartz, Slaves, Peasants, and Rebels. Reconsidering Brazilian Slavery
Bahia and Its Judges, 1609-1751, Champaign-Urbana, Illinois Univ. Press, 1992, y O. Zanetti y
A. García Álvarez, Caminos para el azúcar, La Habana, Ciencias Sociales, 1987

La Ciencia Histórica, su objeto y función.



La ciencia histórica presenta una constitución científica sumamente singular dentro del campo de las ciencias sociales y humanas. Ha sido calificada como la más difícil de definir,  puesto que, para el análisis de su objeto de estudio y comprender los hechos históricos  en su dimensión total requiere del auxilio de otras ciencias y disciplinas sociales.

La ciencia se puede definir como un tipo de conocimiento y el resultado de éste, consistente en aplicar a un objeto o fenómeno, las diferentes fases del método científico, elaborando teorías, hipótesis, experimentando, y verificando, para dar validez a las teorías. La historia probó que podía ser considerada ciencia, empleando métodos de crítica científica y comparativa que no solo daban cuenta de lo sucedido sino que lo analizaba y podían establecer sus relaciones causales.

La historia  busca la realidad que si bien no puede ser absoluta si puede ser lo más cercana a esta a partir de la búsqueda de fuentes verídicas y comprobables que puedan analizarse y que formen un sistema lógico y coherente, es decir un conocimiento histórico. Su objeto de estudio lo constituyen  los hechos o fenómenos (de todo tipo y de toda duración)  de la vida de la humanidad, en todas sus conexiones. Citando al historiador Marc Bloch, la historia estudia la obra de los hombres; es la ciencia de los hombres en el tiempo:

... la historia quiere aprehender a los hombres. Quien no lo logre no pasará jamás, en el mejor de los casos, de ser un obrero manual de la erudición. Allí donde huele la carne humana, sabe que está su presa[1].

En este sentido se desarrolla la labor del historiador, el cual no debe solo de captar un hecho histórico sino analizarlo y hacerlo objeto de estudio científico. Su finalidad primordial consiste en determinar qué fue lo que sucedió realmente. Como el historiador no pudo ser testigo de los acontecimientos pasados, entonces se ve en la obligación de recurrir a fuentes a partir de las inicia un trabajo lógico de razonamiento para reconstruirlos con la mayor fidelidad posible.

La primera etapa de la indagación histórica es la búsqueda de documentos; posteriormente el historiador tiene que clasificarlos y proceder a entenderlos y valorarlos como registros de hechos, y para ello debe someter las fuentes al más riguroso examen crítico en lo interno y externo. La crítica interna, cuyo propósito es determinar las circunstancias bajo las cuales fue producido el documento, implica la dificultad de analizar qué fue lo que el autor creyó haber observado y la consecuente interpretación de los sucesos observados.

Por ello encontramos diversas interpretaciones y análisis, con lenguajes propios, sobre un mismo “hecho histórico”, fruto del contenido subjetivo que todo científico, como el historiador, plantea en su hipótesis de trabajo. Por eso decimos que la ciencia histórica es subjetiva, ya que está atravesada por la visión, los intereses y las decisiones de los historiadores, e influidos además por la sociedad en la que viven.

A pesar de ello la objetividad histórica es posible, al ser la historia una ciencia, sigue un método científico y procedimientos estrictos. Además, los trabajos de los historiadores son permanentemente evaluados por otros historiadores para determinar que dicho conocimiento histórico sea válido  de revisiones incesantes del trabajo histórico, análisis, rectificaciones sucesivas y la acumulación de verdades parciales.

Finalmente cabe preguntarse cuál es la función que corresponde al profesional de la historia en los tiempos actuales. El historiador debe contribuir a la creación de una identidad, la cual favorece la unidad en la sociedad y la conciencia colectiva. Debe ser un hombre apasionado y con sensibilidad para las cosas que le rodean, además de la convicción y conciencia de ser. Su obra debe ser socializada  a través de libros, artículos, conferencias, cátedras así como mediante su participación en diferentes medios de comunicación.

Bibliografía

-Bloch, Marc. Apología para la historia o el oficio de historiador (Digital)

- Colectivo de Autores, Introducción a la Historia o al oficio del historiador.

-Coutinho, Carlos N “El Estructuralismo Histórico”. (Digital)
-http://www.revistalarazonhistorica.com



[1]Marc Bloch Apología para la historia o el oficio de historiador (Digital)

viernes, 6 de octubre de 2017

¿Cómo investigar la historia de la industria azucarera a través de los fondos documentales del Archivo Histórico Provincial de Villa Clara?



El conocimiento de lo sucedido  en el sector azucarero durante la primera mitad del siglo XX es decisivo para  entender el acontecer sociopolítico y cultural del país. Esto se debe a la  notable incidencia de la producción azucarera en la sociedad cubana como primer renglón de la economía tanto en lo social, lo político y lo cultural.  Infinidad de trabajos editados, abordan el estudio de la industria azucarera como tema principal o colateral. Ejemplo de ello lo constituyen los libros: Caminos para el azúcar[i], de  Oscar ZanettiLecuona y  Alejandro García Álvarez; El ingenio. Complejo económico social cubano del azúcar[ii] de Manuel Moreno Fraginals y  Del Ingenio al Central[iii] por Fe Iglesias García.

No obstante existen numerosas fuentes documentales afines,  a la investigación sobre dicho tema, ubicadas en los en los Archivos Históricos y las Bibliotecas Provinciales del país. Particularmente el Archivo Histórico Provincial de Villa Clara cuenta con los Censos de 1899, 1907 y 1919, los Anuarios Azucareros, los Manuales del Azúcar de Cuba (The Gilmore´s), las Memorias Azucareras. Son de utilidad además  los  fondos Hemeroteca, Mapoteca y Fototeca de la citada institución. 
Por otra parte encontramos los protocolos notariales los cuales constituyen un puntal esencial. El Archivo Provincial de Villa Clara atesora protocolos notariales de los siglos XIX Y XX. Entre  ellos encontramos más de  200 notarios donde la gran mayoría plasmaron sus escrituras en más de 2 tomos durante las etapas de colonia, la República y la Revolución. Los protocolos notariales atesorados en la Institución proceden de la labor de los escribanos y notarios de la Provincia de Villa Clara por lo que su sujeto productor es el Ministerio de Justicia.  El funcionamiento de los notarios a través de la plasmación de  los diversos actos legales  del quehacer político,  económico y social del territorio aportan información de variadas temáticas y las que particularmente aportan a la investigación son hipotecas, adjudicaciones de bienes, testamentos, fundación y cancelación de sociedades, compra-ventas de fincas rústicas y urbanas, poderes especiales y generales, matrimonios, entre otras operaciones.
Por lo que se puede apreciar la importancia de la identificación y valoración de los fondos documentales en el Archivo Histórico de Villa Clara, ya que constituyen una herramienta de gran utilidad para la investigación histórica, y de la industria azucarera en particular.


[i]ZanettiLecuona, Oscar. Caminos para el azúcar.--La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 1987.
[ii] Moreno Fraginals, Manuel. El ingenio. Complejo económico social cubano del azúcar.--La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 1978.
[iii]Iglesias García, Fe. Del Ingenio al Central.-- La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1999. —203p.