lunes, 16 de mayo de 2016

La religiosidad popular: sus manifestaciones.




El fenómeno de la religión ha parecido de manera compleja a lo largo de la historia de la sociedad cubana. Su evolución y desarrollo está determinado por la interacción que establece con otros procesos de carácter histórico, económico, político y cultural. Por lo que se hace necesario un estudio multidisciplinario al analizar estos fenómenos.

En Cuba las investigaciones sobre la religión han estado dirigidas a estudiar  las distintas expresiones religiosas y formas de religiosidad individual, su evolución histórica, características principales y direcciones fundamentales. Algunas líneas de investigación resaltan la significación  social de la  conciencia religiosa en la sociedad cubana y las distintas formas en que estas se expresan, están dirigidas a la búsqueda de las funciones sociales de la religión y sus proyecciones. 

Otras, están orientadas  particularmente hacia la incidencia en el individuo concreto de las creencias y actividades religiosas, buscando niveles de significación e intensidad. Estas indagaciones también se dirigen a conocer las proyecciones sociales de las instituciones y organizaciones religiosas.

Sin embargo en la literatura referida a esta cuestión, especialmente en las tres últimas décadas, se advierte un tratamiento insistente en el fenómeno que se ha denominado religiosidad popular. Aun cuando no todos los autores dan una definición conceptual de esta religiosidad hay en sentido general, coincidencias en atribuirle, entre los rasgos que la caracterizan: la intervención de sincretizaciones del catolicismo con religiones indoamericanas en la mayoría o africanas en ciertas zonas; la presencia de lo festivo; del mito y algunos apuntan a la superstición; la  exteriorización en peregrinaciones, imágenes, promesas[1]. Este somero estudio ofrece algunas consideraciones sobre la religiosidad popular en Cuba y algunas de sus manifestaciones a través de la historia.

La religiosidad más extendida y predominante en Cuba se expresa en un conjunto no sistematizado de creencias, mitos, ritos, símbolos, emociones y prácticas religiosas que se desarrollan independientes de formas organizadas, y en las que se fusionan indistintamente elementos de diversas expresiones religiosas, particularmente del catolicismo, expresiones de origen africano y el espiritismo. La religiosidad típica del cubano no es entonces católica, santera o espiritista, aunque contiene elementos popularizados e interrelacionados de las mismas; se practica individualmente o en el grupo familiar y tiene una alta referencia a la cotidianeidad y como recurso de solución a problemas prácticos. 

Un conjunto de factores histórico-sociales -que tienen  que ver con el surgimiento de la nación cubana- explicarían cómo es la religiosidad del cubano. Por lo que el presente trabajo aborda la historia  de diversos cultos  aun hoy vigentes con gran fuerza en la sociedad.


El culto a la virgen de Regla
Son expresión de la religiosidad  popular en Cuba los cultos y las fiestas a la Virgen de Regla. Este culto expresó las características de la sociedad habanera. Desde sus inicios estuvo vinculado  a la vida en los puertos y ala de los navegantes. Según la leyenda, tuvo su orígen en África, donde el obispo de Hipona, tuvo una revelación, en la cual un ángel le indicó que tallara una imagen que debía colocar en el oratorio. San Agustín, llamado “el africano”, confeccionó la figura de cedro cuyo nombre original es posible que sea el mismo de Virgen de Regla.

En el año 453, Tagaste fue atacada y saqueda, y Cipriano, diácono del lugar y discípulo de San Agustín, huyó con la imagen hacia España[2]. Se afirma que, durante la travesía, la vírgen salvó al diácono de una tormenta. La tradición se encargó de convertirla, por esta razón, en la patrona y protectora de los marinos. En un primer momento se conoció como Virgen de Regla de San Agustín, más tarde como Vírgen de la Regla y después como Virgen de Regla.

La Virgen de Regla original, al igual que la que se venera en el poblado habanero de este nombre, es una imagen de manos y rostro negros que sostiene un  niño blanco. Fue labarada en un madero de cedro. La saya de la primera era riquísima y ceñía en su cabeza una corona imperial de piedras preciosas; su silueta estaba  redeada por ráfagas de rayos, y estaba sobre una media luna, dentro de un templete y rodeada de varios adornos[3]

El 14 de diciembre de 1708 la virgen traída por Aranda fue jurada Patrona y Protectora de la bahía de La Habana, depositándose una llave a sus pies que representa a la ciudad de San Cristóbal. Este hecho estuvo acompañado de grandes fiestas que duraron ocho días. Los devotos de la ciudad y de toda la Isla iban a Regla a ofrecer sus votos a la virgen en forma de tributos como bueyes, chivos, carneros.

Los marinos de Cuba, los peninsulares y los de otras partes del mundo, le llevaban oraciones y presentes rogándole protección. Durante los ocho días el pueblo bailaba  y Regla recibía cientos de visitantes. El gran día del poblado de Regla es el 8 de septiembre en el cual se conmemora la proclamación de la virgen como patrona y protectora de la bahía de la Habana. Este culto es parte del conjunto de devociones marianas que tipicaban la Habana. Allí la vida económica durante los tres primeros siglos coloniales giró alrededor de los puertos. La vida habanera estaba subordinada, en lo fundamental, a la relación del binomio naval/militar, hecho que influye en la identificación del criollo a su tierra y a su colectividad.

La Virgen de la Caridad del Cobre.
De todas las devociones y cultos practicados y desarrollados en Cuba durante los siglos XVI y XVII, que expresa con nitidez como deriva el imaginario colectivo de lo hispano a lo americano y, a la vez, contiene con mayor intensidad la época de las simbolizaciones religiosas y de la búsqueda de una identificación con la tierra y con las colectividades emergentes, es la relacionada con el origen y desarrollo del culto a la Virgen de la Caridad del Cobre. 

Sobre el hallazgo de la imagen de la Virgen de la Caridad se han elaborado diversos trabajos; unos que pretenden,  documental e históricamente, precisar el hecho. El conjunto de datos que en estos trabajos aparecen presentan contradicciones entre sí y más que aclarar el hecho crean confusión. Hasta hace poco se daba por perdida la serie de documentos que se elaboró, a solicitud de la Corona, en el mes de mayo de 1738 entre los que se encuentran las declaraciones tomadas a varios habitantes de El Cobre en abril de 1687[4].

De estos testimonios el más notable es el del capitán Juan Moreno, ne­gro esclavo, natural de El Cobre, y que fue uno de los tres hombres que participaron en aquel acon­tecimiento. Estas declaraciones resultan importantes como punto de partida para establecer el mo­mento en que se produjo el hallazgo. Según el testimonio de Juan Moreno, tenía en la fecha de la de­claración 85 años y refiere que los acontecimientos que narra habían ocurrido cuando tenía la edad de 10 años. Por tanto, el hallazgo se habría efectuado en 1612.

Según el relato el hallazgo consistió en el encuentro de un bulto por dos indios, los hermanos Rodrigo y Juan de Hoyos, naturales de El Cobre, y el niño negro Juan Moreno, natural del mismo lugar. Este último había ido a recoger sal a esa bahía. Cuando navegaban en una canoa vieron un objeto blanco sobre las espumas del mar que re­sultó ser la imagen de bulto de Nuestra Señora de la Caridad con un niño Jesús en los brazos y una tablilla pe­queña que Rodrigo de Hoyos leyó ‑Juan Moreno cuando declara a los 85 años es analfabeto‑ y que dijo decía "Yo soy la Virgen de la Caridad". Las interrogantes que han surgido con respecto al hallazgo están relacionadas con la explicación de cómo y por qué pudo encontrarse ese objeto en las aguas de Nipe.

 En primer lugar este hecho se enmarca en una época histórica en la cual estaba muy generalizado  el culto mariano entre los marinos espa­ñoles que navegaban alrededor de los mares cubanos. Referencias a casos similares de hallazgos de imágenes de vírgenes o de santos flotando  en las aguas después de fuertes tormentas, aparecen en el libro del cronista de Indias  Antonio de Herrera y Tordesillas, Descripción de las Indias Occi­dentales.

De igual forma las crónicas de la época relatan que ante una tormenta que amenazara  naufragio algunas tripulaciones arrojaban la imagen al mar para que se calmara. De igual  manera se practicaba la costumbre de que ante el ataque de piratas protestantes y puesto  en peligro el barco, la imagen fuese arrojada al mar para evitar su profanación por éstos.  Una última posibilidad, que se encuentra en referencias de la época, es que la nave que  la portaba simplemente hubiera naufraga­do.

Los rasgos de la imagen de El Cobre son indianos, los cuales ya pueden observarse en algunas producciones mexicanas de la época por lo que cabe aun otra posibilidad: la existencia de un barco construido en las regiones americanas, que poseía una virgen tallada en estas regiones y cuyo registro no aparece en las referencias hasta ahora encontra­das y al cual pertenecería esta imagen. 

Lo más notable del hallazgo, para un sociólogo o para un historiador no es el hallazgo en sí, si­no el conjunto de factores que lo rodean[5][i]. Significativamente son dos indios y un niño negro natura­les de la región los que la encuentran y los que de inmediato la aceptan, la rescatan y la veneran.  Con este hecho se produjo la primera sincretización religiosa entre indios, negros y españoles.

A diferencia de la Virgen de Regla, del Santo Ecce Homo, y de la mayoría de los casos de las advocaciones regionales de la época, su origen no estuvo en la imposición de un funcionario o devoto español, ni como consecuencia de un predominio de factores peninsulares, sino que ésta fue impuesta y recreada por los sectores marginados o de base de esa sociedad como signo de iden­tificación y protección. Ver una unidad en estas simbolizaciones religiosas nos permite observar las diferencias de orí­genes y de sentimientos. De aquí que el criollo de los primeros siglos colo­niales exprese su religiosidad de manera particular a la insular. 

 El estudio de estas cuestiones religiosas es de notable importancia, si se tiene en cuenta que la cultura cubana, como la de cualquier país, se explica integralmente si analiza  el papel en ella de la religión, o más bien el conjunto de formas religiosas intervinientes, no solo las institucionalmente organizadas sino las que también el pueblo produce. En este sentido la cultura cubana es una síntesis de diversas culturas, cada una de las cuales en un proceso definido por Fernando Ortiz, de transculturación ha incorporado en diferentes grados vertientes religiosas al nuevo producto cultural cubano.


Bibliografía
Barcia Zequeira, María del Carmen. Capas populares y modernidad en Cuba (1878-
1930)/ María del Carmen Barcia Zequeira.. --La Habana: Editorial Ciencias Sociales,
2009.--363p.
Barreal, Isac. Retorno a las raíces. Acerca de la religión, la Iglesia y los creyentes/ Isac Barreal.—La Habana:Editora Política, 1982.—81p
Colectivo de autores. Cultura de investigaciones psicológicas y sociológicas. Departamento de estudioissociorreligiosos. La religión en la cultura: estudiois realizados por científicos cubanos/ Colectivo de autores.—La Habana: Editorial Academia, 1990
Fariñas  Gutiérrez, Daisy.- Religión en las Antillas: paralelismo y transculturación/ Daisy Fariñas Gutiérrez.—La Habana: Editorial Academia, 1995.--- 137p
Guanche, Jesús.- Procesos identitarios, cultura y comunidad en la sociedad cubana actual/ Jesús Guanche..[s.l.]..[s.n.]..[20??].. 14p
Portuondo Zúñiga. La virgen de la Caridad del Cobre: símbolo de cubanía/ Olga Portuondo Zúñiga.—Santiago de Cuba: Editorial Oriente,2011, 355p
Poupard, Paul. Diccionario de las religiones/ Paul Poupard.--Barcelona: Editorial Herder,1987.
Prensa Latina Especial. Religión en Cuba: 1996. Tomado De:http://www.jewishcuba.org/curelig.html, 22 de octubre de 2013.
Sabater Palenzuela, Vivian M. Sociedad y religión: selección de lecturas/ Vivian M. Sabater Palenzuela.—La Habana: Editorial Félix Varela, 2003, 258 p
Torres-Cuevas, Eduardo; Leiva Lajarra, Edelberto. Historia de la iglesia católica en Cuba/ Eduardo Torres Cuevas y Edelberto Leiva Lajarra.---Ciudad de La Habana, Ciudad de La Habana, 2003


                                   


[1] Sabater Palenzuela, Vivian M. Sociedad y religión: selección de lecturas/.—La Habana: Editorial Félix Varela, 2003, 258 p, p11
[2] Gómez Luaces, Eduardo: Síntesis histórica de Regla. La Habana, Balcayo, 1945, pp. 1‑2
[3] Torres-Cuevas, Eduardo; Leiva Lajarra, Edelberto. Historia de la iglesia católica en Cuba/ Eduardo Torres Cuevas y Edelberto Leiva Lajarra.---Ciudad de La Habana, Ciudad de La Habana, 2003

[4] Conferencia Episcopal de Cuba: Documentos (folleto mimeografiado, 1981).
[5] Torres-Cuevas, Eduardo; Leiva Lajarra, Edelberto. Historia de la iglesia católica en Cuba/ Eduardo Torres Cuevas y Edelberto Leiva Lajarra.---Ciudad de La Habana, Ciudad de La Habana, 2003