El fenómeno de la
religión ha parecido de manera compleja a lo largo de la historia de la
sociedad cubana. Su evolución y desarrollo está determinado por la interacción
que establece con otros procesos de carácter histórico, económico, político y cultural.
Por lo que se hace necesario un estudio multidisciplinario al analizar estos
fenómenos.
En Cuba las
investigaciones sobre la religión han estado dirigidas a estudiar las
distintas expresiones religiosas y formas de religiosidad individual, su evolución
histórica, características principales y direcciones fundamentales. Algunas
líneas de investigación resaltan la significación social de la
conciencia religiosa en la sociedad cubana y las distintas formas en que estas
se expresan, están dirigidas a la búsqueda de las funciones sociales de la
religión y sus proyecciones.
Otras, están
orientadas particularmente hacia la incidencia en el individuo concreto
de las creencias y actividades religiosas, buscando niveles de significación e
intensidad. Estas indagaciones también se dirigen a conocer las proyecciones
sociales de las instituciones y organizaciones religiosas.
Sin embargo en la
literatura referida a esta cuestión, especialmente en las tres últimas décadas,
se advierte un tratamiento insistente en el fenómeno que se ha denominado
religiosidad popular. Aun cuando no todos los autores dan una definición
conceptual de esta religiosidad hay en sentido general, coincidencias en
atribuirle, entre los rasgos que la caracterizan: la intervención de sincretizaciones
del catolicismo con religiones indoamericanas en la mayoría o africanas en
ciertas zonas; la presencia de lo festivo; del mito y algunos apuntan a la
superstición; la exteriorización en peregrinaciones, imágenes, promesas[1]. Este somero estudio ofrece algunas
consideraciones sobre la religiosidad popular en Cuba y algunas de sus
manifestaciones a través de la historia.
La religiosidad
más extendida y predominante en Cuba se expresa en un conjunto no sistematizado
de creencias, mitos, ritos, símbolos, emociones y prácticas religiosas que se
desarrollan independientes de formas organizadas, y en las que se fusionan
indistintamente elementos de diversas expresiones religiosas, particularmente
del catolicismo, expresiones de origen africano y el espiritismo. La
religiosidad típica del cubano no es entonces católica, santera o espiritista,
aunque contiene elementos popularizados e interrelacionados de las mismas; se
practica individualmente o en el grupo familiar y tiene una alta referencia a
la cotidianeidad y como recurso de solución a problemas prácticos.
Un conjunto de
factores histórico-sociales -que tienen que ver con el surgimiento de la
nación cubana- explicarían cómo es la religiosidad del cubano. Por lo que el
presente trabajo aborda la historia de diversos cultos aun hoy
vigentes con gran fuerza en la sociedad.
El culto a la
virgen de Regla
Son expresión de
la religiosidad popular en Cuba los cultos y las fiestas a la Virgen de
Regla. Este culto expresó las características de la sociedad habanera. Desde
sus inicios estuvo vinculado a la vida en los puertos y ala de los
navegantes. Según la leyenda, tuvo su orígen en África, donde el
obispo de Hipona, tuvo una revelación, en la cual un ángel le indicó que
tallara una imagen que debía colocar en el oratorio. San Agustín, llamado “el
africano”, confeccionó la figura de cedro cuyo nombre original es posible que
sea el mismo de Virgen de Regla.
En el año 453,
Tagaste fue atacada y saqueda, y Cipriano, diácono del lugar y discípulo de San
Agustín, huyó con la imagen hacia España[2].
Se afirma que, durante la travesía, la vírgen salvó al diácono de una tormenta.
La tradición se encargó de convertirla, por esta razón, en la patrona y
protectora de los marinos. En un primer momento se conoció como Virgen de Regla
de San Agustín, más tarde como Vírgen de la Regla y después como Virgen de
Regla.
La Virgen de
Regla original, al igual que la que se venera en el poblado habanero de este
nombre, es una imagen de manos y rostro negros que sostiene un niño
blanco. Fue labarada en un madero de cedro. La saya de la primera era riquísima
y ceñía en su cabeza una corona imperial de piedras preciosas; su silueta
estaba redeada por ráfagas de rayos, y estaba sobre una media luna,
dentro de un templete y rodeada de varios adornos[3].
El 14 de
diciembre de 1708 la virgen traída por Aranda fue jurada Patrona y Protectora
de la bahía de La Habana, depositándose una llave a sus pies que representa a
la ciudad de San Cristóbal. Este hecho estuvo acompañado de grandes fiestas que
duraron ocho días. Los devotos de la ciudad y de toda la Isla iban a Regla a
ofrecer sus votos a la virgen en forma de tributos como bueyes, chivos,
carneros.
Los marinos de
Cuba, los peninsulares y los de otras partes del mundo, le llevaban oraciones y
presentes rogándole protección. Durante los ocho días el pueblo bailaba y
Regla recibía cientos de visitantes. El gran día del poblado de Regla es el 8
de septiembre en el cual se conmemora la proclamación de la virgen como patrona
y protectora de la bahía de la Habana. Este culto es
parte del conjunto de devociones marianas que tipicaban la Habana. Allí la vida
económica durante los tres primeros siglos coloniales giró alrededor de los
puertos. La vida habanera estaba subordinada, en lo fundamental, a la relación
del binomio naval/militar, hecho que influye en la identificación del criollo a
su tierra y a su colectividad.
La Virgen de la
Caridad del Cobre.
De todas las
devociones y cultos practicados y desarrollados en Cuba durante los siglos XVI
y XVII, que expresa con nitidez como deriva el imaginario colectivo de lo
hispano a lo americano y, a la vez, contiene con mayor intensidad la época de
las simbolizaciones religiosas y de la búsqueda de una identificación con la
tierra y con las colectividades emergentes, es la relacionada con el origen y
desarrollo del culto a la Virgen de la Caridad del Cobre.
Sobre el hallazgo
de la imagen de la Virgen de la Caridad se han elaborado diversos trabajos;
unos que pretenden, documental e
históricamente, precisar el hecho. El conjunto de datos que en estos
trabajos aparecen presentan contradicciones entre sí y más que aclarar el
hecho crean confusión. Hasta hace poco se daba por perdida la serie de
documentos que se elaboró, a solicitud de la Corona, en el mes de mayo de
1738 entre los que se encuentran las declaraciones tomadas a varios habitantes
de El Cobre en abril de 1687[4].
De estos
testimonios el más notable es el del capitán Juan Moreno, negro esclavo,
natural de El Cobre, y que fue uno de los tres hombres que participaron en
aquel acontecimiento. Estas declaraciones resultan importantes como punto
de partida para establecer el momento en que se produjo el
hallazgo. Según el testimonio de Juan Moreno, tenía en la fecha de la declaración
85 años y refiere que los acontecimientos que narra habían ocurrido cuando
tenía la edad de 10 años. Por tanto, el hallazgo se habría efectuado en
1612.
Según el relato
el hallazgo consistió en el encuentro de un bulto por dos indios, los hermanos
Rodrigo y Juan de Hoyos, naturales de El Cobre, y el niño negro Juan Moreno,
natural del mismo lugar. Este último había ido a recoger sal a esa bahía.
Cuando navegaban en una canoa vieron un objeto blanco sobre las espumas del mar
que resultó ser la imagen de bulto de Nuestra Señora de la Caridad con un niño
Jesús en los brazos y una tablilla pequeña que Rodrigo de Hoyos leyó ‑Juan
Moreno cuando declara a los 85 años es analfabeto‑ y que dijo decía "Yo
soy la Virgen de la Caridad". Las interrogantes que han surgido con
respecto al hallazgo están relacionadas con la explicación de cómo y por qué
pudo encontrarse ese objeto en las aguas de Nipe.
En primer
lugar este hecho se enmarca en una época histórica en la cual estaba muy
generalizado el culto mariano entre los marinos españoles que navegaban
alrededor de los mares cubanos. Referencias a casos similares de hallazgos
de imágenes de vírgenes o de santos flotando en las aguas después de
fuertes tormentas, aparecen en el libro del cronista de Indias Antonio de
Herrera y Tordesillas, Descripción de las Indias Occidentales.
De igual forma
las crónicas de la época relatan que ante una tormenta que amenazara naufragio
algunas tripulaciones arrojaban la imagen al mar para que se calmara. De
igual manera se practicaba la costumbre de que ante el ataque de piratas
protestantes y puesto en peligro el barco, la imagen fuese arrojada al
mar para evitar su profanación por éstos. Una última posibilidad, que se
encuentra en referencias de la época, es que la nave que la portaba
simplemente hubiera naufragado.
Los rasgos de la
imagen de El Cobre son indianos, los cuales ya pueden observarse en algunas
producciones mexicanas de la época por lo que cabe aun otra posibilidad: la
existencia de un barco construido en las regiones americanas, que poseía
una virgen tallada en estas regiones y cuyo registro no aparece en las
referencias hasta ahora encontradas y al cual pertenecería esta imagen.
Lo más notable
del hallazgo, para un sociólogo o para un historiador no es el hallazgo en sí,
sino el conjunto de factores que lo rodean[5][i].
Significativamente son dos indios y un niño negro naturales de la región los
que la encuentran y los que de inmediato la aceptan, la rescatan y la
veneran. Con este hecho se produjo la primera sincretización religiosa
entre indios, negros y españoles.
A diferencia de
la Virgen de Regla, del Santo Ecce Homo, y de la mayoría de los casos de las
advocaciones regionales de la época, su origen no estuvo en la imposición de un
funcionario o devoto español, ni como consecuencia de un predominio de factores
peninsulares, sino que ésta fue impuesta y recreada por los sectores marginados
o de base de esa sociedad como signo de identificación y protección. Ver una
unidad en estas simbolizaciones religiosas nos permite observar las diferencias
de orígenes y de sentimientos. De aquí que el criollo de los primeros siglos
coloniales exprese su religiosidad de manera particular a la insular.
El estudio
de estas cuestiones religiosas es de notable importancia, si se tiene en
cuenta que la cultura cubana, como la de cualquier país, se explica
integralmente si analiza el papel en ella de la religión, o más bien
el conjunto de formas religiosas intervinientes, no solo las
institucionalmente organizadas sino las que también el pueblo produce. En
este sentido la cultura cubana es una síntesis de diversas culturas, cada
una de las cuales en un proceso definido por Fernando Ortiz, de transculturación
ha incorporado en diferentes grados vertientes religiosas al nuevo
producto cultural cubano.
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La religión en la cultura: estudiois realizados por científicos cubanos/
Colectivo de autores.—La Habana: Editorial Academia, 1990
Fariñas Gutiérrez, Daisy.-
Religión en las Antillas: paralelismo y transculturación/ Daisy Fariñas Gutiérrez.—La
Habana: Editorial Academia, 1995.--- 137p
Guanche, Jesús.- Procesos
identitarios, cultura y comunidad en la sociedad cubana actual/ Jesús
Guanche..[s.l.]..[s.n.]..[20??].. 14p
Portuondo Zúñiga. La virgen de la
Caridad del Cobre: símbolo de cubanía/ Olga Portuondo Zúñiga.—Santiago de Cuba:
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Poupard, Paul. Diccionario de las
religiones/ Paul Poupard.--Barcelona: Editorial Herder,1987.
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2013.
Sabater Palenzuela, Vivian M. Sociedad
y religión: selección de lecturas/ Vivian M. Sabater Palenzuela.—La Habana:
Editorial Félix Varela, 2003, 258 p
Torres-Cuevas, Eduardo; Leiva Lajarra, Edelberto.
Historia de la iglesia católica en Cuba/ Eduardo Torres Cuevas y Edelberto
Leiva Lajarra.---Ciudad de La Habana, Ciudad de La Habana, 2003
[1] Sabater
Palenzuela, Vivian M. Sociedad y religión: selección de lecturas/.—La Habana:
Editorial Félix Varela, 2003, 258 p, p11
[3] Torres-Cuevas, Eduardo; Leiva
Lajarra, Edelberto. Historia de la iglesia católica en Cuba/ Eduardo Torres
Cuevas y Edelberto Leiva Lajarra.---Ciudad de La Habana, Ciudad de La Habana,
2003
[5] Torres-Cuevas,
Eduardo; Leiva Lajarra, Edelberto. Historia de la iglesia católica en Cuba/
Eduardo Torres Cuevas y Edelberto Leiva Lajarra.---Ciudad de La Habana, Ciudad
de La Habana, 2003
