miércoles, 7 de septiembre de 2016

Problemáticas Teóricas de la Ciencia Histórica

La ciencia histórica presenta una constitución científica sumamente singular dentro del campo de las ciencias sociales y humanas. Ha sido catalogada la más difícil de definir,  puesto que, para la comprensión de los fenómenos que abarca y su interpretación requiere del auxilio de otras ciencias y disciplinas sociales que permiten comprender los hechos históricos  en su dimensión total.

La ciencia se puede definir como un tipo de conocimiento y el resultado de éste, consistente en aplicar a un objeto o fenómeno, las diferentes fases del método científico, elaborando teorías, hipótesis, experimentando, y verificando, para dar validez a las teorías. La historia probó que podía ser considerada ciencia, empleando métodos de crítica científica y comparativa que no solo daban cuenta de lo sucedido sino que lo analizaba y podían establecer sus relaciones causales.

La historia  busca la realidad que si bien no puede ser absoluta si puede ser lo más cercana a esta a partir de la búsqueda de fuentes verídicas y comprobables que puedan analizarse y que formen un sistema lógico y coherente, es decir un conocimiento histórico. Su objeto de estudio lo constituyen  los hechos o fenómenos (de todo tipo y de toda duración)  de la vida de la humanidad, en todas sus conexiones, tanto sincrónicas (con hechos de la misma época), como diacrónicas (con sus antecedentes y causas, y con sus consecuencias). Citando al historiador Marc Bloch, la historia estudia la obra de los hombres; es la ciencia de los hombres en el tiempo:

... la historia quiere aprehender a los hombres. Quien no lo logre no pasará jamás, en el mejor de los casos, de ser un obrero manual de la erudición. Allí donde huele la carne humana, sabe que está su presa[1].

En este sentido se desarrolla la labor del historiador, el cual no debe solo de captar un hecho histórico sino analizarlo y hacerlo objeto de estudio científico. Su finalidad primordial consiste en determinar qué fue lo que sucedió realmente. Como el historiador no pudo ser testigo de los acontecimientos pasados, entonces se ve en la obligación de recurrir a fuentes a partir de las inicia un trabajo lógico de razonamiento para reconstruirlos con la mayor fidelidad posible.

La primera etapa de la indagación histórica es la búsqueda de documentos; posteriormente el historiador tiene que clasificarlos y proceder a entenderlos y valorarlos como registros de hechos, y para ello debe someter las fuentes al más riguroso examen crítico en lo interno y externo. La crítica externa de los documentos ofrece de por sí una serie de dificultades que requiere del conocimiento de técnicas paleográficas y el conocimiento idiomático, para poder determinar asuntos relacionados con la caligrafía, el idioma, la forma y la fuente del documento, entre otras.

 La crítica interna, cuyo propósito es determinar las circunstancias bajo las cuales fue producido el documento, implica la dificultad de analizar qué fue lo que el autor creyó haber observado y la consecuente interpretación de los sucesos observados; el historiador se interroga si el autor del documento tuvo algún incentivo para dar una falsa representación de los hechos o si acaso se hallaba en posición que le permitiera conocerlos.

Por ello encontramos diversas interpretaciones y análisis, con lenguajes propios, sobre un mismo “hecho histórico”, fruto del contenido subjetivo que todo científico, como el historiador, plantea en su hipótesis de trabajo. Por eso decimos que la ciencia histórica es subjetiva, ya que está atravesada por la visión, los intereses y las decisiones de los historiadores, e influidos además por la sociedad en la que viven.

A pesar de ello la objetividad histórica es posible, al ser la historia una ciencia, sigue un método científico y procedimientos estrictos. Además, los trabajos de los historiadores son permanentemente evaluados por otros historiadores para determinar que dicho conocimiento histórico sea válido  de revisiones incesantes del trabajo histórico, análisis, rectificaciones sucesivas y la acumulación de verdades parciales.

En cuanto a la utilidad de la historia,  se relaciona en muchos casos, con la tendencia a buscar en ella una guía para la acción, como si a través de ella se pudiera predecir el futuro.  Marc Bloch, afirma que el valor de una investigación no se mide, al contrario de lo que postulaban los positivistas, según su capacidad de servir a la acción, y que, por lo tanto, este sentido pragmático de la historia no puede confundirse con su sentido propiamente intelectual, la historia se legitima más allá de su utilidad, en función de su rigurosidad y su capacidad de establecer relaciones explicativas entre fenómenos para comprenderlos.
Finalmente debe mencionarse cuál es la función que corresponde al profesional de la historia en los tiempos actuales. El historiador debe contribuir a la creación de una identidad, la cual favorece la unidad en la sociedad y la conciencia colectiva. Debe ser un hombre apasionado y con sensibilidad para las cosas que le rodean, además de la convicción y conciencia de ser. Su obra debe ser socializada  a través de libros, artículos, conferencias, cátedras así como mediante su participación en diferentes medios de comunicación.

Bibliografía

-Bloch, Marc. Apología para la historia o el oficio de historiador (Digital)

- Colectivo de Autores, Introducción a la Historia o al oficio del historiador.

-Coutinho, Carlos N “El Estructuralismo Histórico”. (Digital)
-http://www.revistalarazonhistorica.com



[1]Marc Bloch Apología para la historia o el oficio de historiador (Digital)

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